El Gimnasio Maravillas de Alejandro de la Sota o yo también puedo
P.179 del libro “El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre” de Juanjo Sáez. Reservoir books, 2006.
“Este edificio del año 62, nació a su aire. Preocupados con los problemas urbanos, aprovechamiento del mal solar, económicos, no dio margen para preocuparse por una arquitectura determinada: por eso carece de cualquiera de ellas. Tal vez sea la otra; tal vez. Explicarlo llevaría a la polémica de: Arquitectura sí, Arquitectura no. Situado el volumen del gimnasio propiamente dicho en la cota justa, se añaden por el arquitecto al programa el sótano, las clases (cubierta del gimnasio) y la terraza (patio de juegos) en la cota del Colegio.” Alejandro de la Sota explicando su proyecto.
Enfrentarse con naturalidad a una cuestión, analizar la petición, las posibilidades, los problemas que se derivan y las soluciones que se podrían ofrecer. Te planteas el proyecto y comienzas a trabajar. Hay una verdad indiscutible, las cosas solo se hacen haciéndolas, esto es una evidente perogrullada pero las excusas y justificaciones para elegir caminos más cómodos o, simplemente, para escurrir el bulto son también demasiado habituales.
Cuando ves la lógica de un planteamiento plasmado en el papel y convertido en realidad, todo parece posible. Se ve y no hay nada increíble, nada fuera del alcance de alguien razonable e inteligente. ¿Esta esto al alcance de todos? Pues no, pero está más cerca de lo que parece viendo cómo se comporta el común de los mortales. Y el ejemplo que nos ocupa se mueve en la misma dirección. Para realizar un trabajo la honestidad intelectual es lo primero, y a este respecto la novela “City” de Alessandro Bariccó tiene mucho que decir y será comentada en sucesivas fechas en esta página, y la búsqueda de mejorar la cotidianeidad de los ciudadanos es un objetivo de lo más loable dentro del campo de la arquitectura.
Un colegio necesita un pabellón polideportivo. Nada raro. Hay unos condicionantes topográficos muy fuertes, un desnivel importante que pasa de problema a oportunidad, y un colegio en un entorno urbano sin mucho espacio para el patio de juegos. Además, no dispone de ciertos espacios que, sin ser imprescindibles, mejorarán al conjunto. Todo esto lo ofrece como solución Alejandro de la Sota a la petición de un espacio deportivo clásico.
¿Y la solución cómo es? Pues tan simple a posteriori que parece raro que no fuese la opción a priori. Ahí reside la grandeza del proyecto.
“La carretera” de Cormac McCarthy
Un padre y un hijo viajando por una carretera en un mundo del que nada se sabe más que su desoladora situación. Devastación, ceniza y esa carretera a la que se agarran con su carrito de supermercado buscando la benevolencia climatológica del sur, un sur del que ni siquiera saben si seguirá allí cuando lleguen.

“Sin listas de cosas que hacer. El día providencia de sí mismo. La hora. No hay después. El después es esto. Todas las cosas bellas y armónicas que uno conserva en su corazón tienen una procedencia común en el dolor. El hecho de nacer en la aflicción y la ceniza. Bueno, susurró para el chico que dormía. Yo te tengo a ti.”
El mundo ha quedado reducido para estos dos seres humanos a una búsqueda del alimento y del fuego. En su exiguo carrito mantas, una lona, un hornillo y los víveres que se van encontrando por los restos de una civilización que ha terminado. El padre refleja la supervivencia del que lo ha perdido todo menos la vida y el hijo, que desconoce esa realidad previa, basa sus reacciones y juicios en el instinto y la intuición más que en convenciones sociales desparecidas y que su padre intenta mantener como un último reducto de coherencia.
Curiosamente el hijo resulta más humano (o humanitario) con un concepto de la justicia y una diferenciación entre bien y mal pura, no condicionada. Su interpretación tiene como única base las indicaciones del padre, esforzado en mantener al pequeño no más en contacto con la realidad de lo necesario. El niño recoge esos datos y los confronta con la realidad que se le presenta, acaba convirtiéndose en el más racional y analítico de todos los supervivientes.
“Si no cumples una promesa pequeña tampoco cumplirás una grande. Es lo que tú me dijiste.”
La crudeza de la situación se presenta sin extensas descripciones ni explicaciones, el penoso día a día es suficiente para que la impresión quede marcada en el lector. Un movimiento constante en medio de una búsqueda no muy prometedora, el refugio diario improvisado, el fuego imprescindible y el estar alerta siempre. Cualquier peligro puede romper el precario equilibrio sobre el que se asientan sus vidas.
“Creo que ahí dentro puede haber cosas y es preciso echar una ojeada. No tenemos otro sitio adonde ir. Eso es todo. Quiero que me ayudes. Si no quieres sostener la lámpara tendrás que coger la pistola.
Prefiero la lámpara.
De acuerdo. Esto es lo que hacen los buenos. Seguir intentándolo. Jamás se rinden.
Vale.”
Una catástrofe ha asolado el mundo, las interpretaciones son la única solución porque nada es explicado. Algún fogonazo de pasado, la madre que ya no está y que tampoco se sabe muy bien por qué, está muerta, ha abandonado a su familia, solo queda el recuerdo de cómo se enfrentaron a un desastre inevitable. El hombre sigue adelante solo para mantener a su hijo en el mundo, es la única circunstancia que se interpone entre él y una bala liberadora.
McCarthy podría haber optado por dar toda clase de datos para explicarnos como ha hecho la humanidad para destruir todo a su alrededor, causas y procesos de ese destino que les deparan sus propios actos o la catástrofe natural que se llevó por delante a la especie dominante como antes había hecho con otras. Sin embargo, se opta por mostrar directamente las consecuencias de la devastación y como es la “vida” de los que han sobrevivido. Las suposiciones quedan para cada uno.
A través de la interacción con otros humanos, los pocos que quedan, se sirve el autor para desarrollar temas que acompañan a la pareja en su viaje, el bien y el mal entendidos como aquellos que mantienen una cierta humanidad incluso en las peores circunstancias frente a los que se han sucumbido definitivamente a sus instintos en beneficio de su vida. Nociones de justicia ejemplificadas en la compasión natural que experimenta el chico frente al ojo por ojo que aplica el padre.
“Se levantaron y guardaron las tazas y el resto de las galletas. El hombre apiló las mantas en lo alto del carrito y aseguró la lona y luego miró al chico. ¿Qué? Dijo el chico.
Sé que pensabas que nos íbamos a morir.
Ya.
Pero no ha sido así.
No.
Vale.”
Los lacónicos diálogos entre padre e hijo son de una belleza y una fuerza arrolladora. Una búsqueda desesperada de un motivo para seguir queriendo vivir, uno por el otro, son los únicos asideros que tienen y ese deseo de estar ahí para el otro es el sentimiento más importante de los presentados en el libro.
Su destino es de todos modos inevitable, son dos contra un mundo que malamente les ofrece un respiro (casas sin devastar con víveres a modo de oasis en el desierto) y sus posibilidades son remotas. Pensar lo contrario es aferrarse a una esperanza que no existe. El padre enfermo y tirando de reservas para seguir adelante, un niño en fase de crecimiento totalmente desvalido sin su progenitor. Las condiciones de supervivencia son insostenibles.
Ese destino del viaje no es el paraíso que esperaban porque en realidad su viaje no acabará hasta que cedan a la muerte, y aquí McCarthy hace una concesión a la ilusión, la fe en lo que nos depara la vida, la esperanza, la confianza el fin y al cabo en que por muy mal que estén las cosas la humanidad se impondrá. Deja un regusto final que no está a la altura de lo ofrecido hasta el momento.
De la adaptación cinematográfica, de próxima aparición y que será comentada en su momento, parece que se ha intentado “explicar más” la situación, potenciar los momentos de acción y resaltar el papel de la madre.
“El método”
Un resultado decepcionante, o simplemente insulso, no significa necesariamente que no se puedan sacar conclusiones provechosas o trascendentes al respecto de cualquier película u obra en general. El método, película de Marcelo Piñeyro, podría responder a este grupo. Es una adaptación de una obra teatral catalana de cierto éxito titulada El método Gronholm de Jordi Galcerán y está sostenida por la sólida actuación de figuras reconocidas del cine español como Eduard Fernández, Carmelo Gómez, Adriana Ozores, Najwa Nimri o Eduardo Noriega.
El planteamiento se basa en un proceso de selección de personal en el mundo empresarial llamado “el método Gronholm” donde los aspirantes son sometidos a diferentes pruebas con el único fin de que los más débiles vayan cayendo eliminados por los propios aspirantes.
En realidad el mundo empresarial es, básicamente, antropomórfico. Un tema ya tratado con anterioridad aquí a través del libro de Corinne Maier Buenos días, pereza pero en este caso desde el punto de vista exclusivo de los aspirantes a infiltrarse en la dirección de esas empresas.
Nosotros mismos funcionamos como una empresa, siempre a la búsqueda de un mayor beneficio. Las diferencias se presentan en los caminos y los medios de los que nos servimos para alcanzar nuestros objetivos. No son objetivos necesariamente materiales sino que puede aplicarse también a diversos temas personales o sociales. No es más que el modo en que nos enfrentamos a la vida.
Cabe matizar que son situaciones donde la supervivencia está garantizada. Es decir, los casos extremos donde la propia persona o los que están a su cargo ven comprometidos los mínimos sociales admitidos las reacciones suelen eliminar de la fórmula ciertos impedimentos morales o particulares que pueden hacer variar los resultados. Estos serían considerados excepciones en el ambiente donde se plantea la cuestión propuesta en el film (y la obra de teatro de la que procede obviamente).
En las situaciones referidas a la vida diaria, en el ámbito personal o profesional, las opiniones o los actos están más directamente condicionados por la propia actitud o el carácter y sirven para analizar y desentrañar la verdadera naturaleza de cada individuo, su escala de valores (no tanto morales o éticos sino más bien personales o afectivos).
Para poder comprender mejor este hecho, y este es el punto fuerte de la película, se puede intentar interpretar el comportamiento de los propios aspirantes. Responden todos ellos a modelos preestablecidos, casi podría decirse prototípicos pero aquí nos centraremos solamente en los tres (que por su papel se presentan más completos) que llegan a la fase final del proceso de selección, Fernando (Eduard Fernández), Nieves (Najwa Nimri) y Carlos (Eduardo Noriega).
Fernando está modelado para resultar despreciable, para ser considerado el malo de la película. Sus modos, directo y agresivo, no están reñidos con una brutal honestidad del que dice lo que piensa y además está convencido de la validez de esos pensamientos. Aún así, es el más consciente del mundo en el que vive. No se detiene en batallas que no son las suyas y busca (y está acostumbrado a conseguir) lo que quiere.
Nieves quiere luchar desde la normalidad para mantener la humanidad. Basa sus decisiones en la racionalidad, no participa en exceso pero su papel es siempre determinante. La relación pretérita con el personaje de Eduardo Noriega va en su contra porque quiere introducir una cierta debilidad por la nostalgia de un pasado (o un futuro alternativo) menos “ambicioso” empresarialmente.
Carlos represente el manierismo del triunfador, quiere vencer a cualquier precio y en todos los ámbitos pero sin mancharse las manos. A costa de quien sea y como sea. De ahí que luche encarnizadamente (ejemplificado en su batalla de supervivencia con Adriana Ozores) pero busque el modo de salir bien parado y sin daños para continuar en la próxima batalla.
El proceso de selección
Refleja las propias relaciones entre ellos proyectadas sobre el proceso de selección. Palabras e historias son contadas, pasados ocultados, balones fuera para salvar el cuello, aprovechamiento de las debilidades para derrotar al rival que consideramos menor.
Ante esto, diferentes posiciones, lucha sin cuartel siempre que el derrotado sea otro, mantenimiento de las formas de cara a la galería, pasividad entendida como quietud basada en la creencia (seguramente falsa) de que los méritos y las virtudes se imponen por sí solos o mecanismos de defensa para tapar los propios defectos o complejos.
Con un planteamiento tan poderoso la película se pierde en diálogos excesivos que alcanzan la sensación contraria y acaban resultando moralizantes sobre una figura idealizada de los personajes que nada tiene que ver con la realidad que se presenta. Una realidad a la que se quiere anclar a través de esa manifestación antiglobalización que nunca vemos desde la habitación donde se desarrolla la acción pero que escuchamos puntualmente y que ofrece un contraste demasiado gráfico entre el capitalismo exacerbado y la realidad social.
Alejandro Larrañaga en suite101.net
La casa Gugalun de Peter Zumthor

Repaso a una vivienda en la que se conjuntan una tipología edificatoria característica de zonas de alta montaña, la rehabilitación de una antigua alquería y unos clientes ideales para cualquier arquitecto.
Edificio de Oficinas Novartis, SANAA

Imagen corporativa, posibilidades de enfrentarse al problema. Aquí las relaciones entre los que utilizan el artefacto y los que lo ven es muy directa. Se crea relación limitando las barreras visuales.
El cambio de lenguaje de la novela de Robert James Waller a la película de Clint Eastwood. Diferencias de enfoque frente a la relación amorosa de los protagonistas y diferentes maneras de contar una historia que es la misma.
Una fiel adaptación pero contada al modo de Clint Eastwood donde otros temas como la familia o las relaciones sociales adquieren un protagonismo mayor. Un retrato completa de la América profunda en medio de una historia de amor desgarradora, de sueños, de ilusiones, pero también de responsabilidad.
Bruce Willis y “La Jungla de Cristal”
Un clásico del cine de acción desde el mismo momento de su estreno. Una película que lanzó la carrera de un actor a un estrellato que no ha abandonado desde entonces y que lo ha convertido en un imprescindible.
Todo ello después de saber que fue elegido como último recurso debido a que los principales actores del género recahzaron participar en la película.
Hoy en día, nadie entiende a John McLane sin Bruce Willis y viceversa.
Los paradigmáticos Billy Wilder y Orson Welles
La vigencia de los clásicos. Temáticas, enfoques y toda una retahila de referencias e influencias futuras. Vigencia vista desde dos obras puntuales, “El crepúsculo de los dioses” de WIlder y “El cuarto mandamiento” de Welles.

“Yo maté a Adolf Hitler” Jason, 2007.
“Siempre pensé que la ficción más fantasiosa se entiende mejor cuando viene acompañada del realismo. El imprimir el máximo realismo posible a aquellos elementos de la historia, sea ambientación o de motivación de personajes o de cualquier aspecto de la trama que quieras contar, ayuda a que cuando la fantasía entre en escena esté inmersa en un entorno previamente creíble y, por lo tanto, aceptable para el espectador”
James Cameron hablando sobre Terminator 2 en declaraciones aparecidas en la revista Scifiword, p.50.

Si de algo puede calificarse a esta historia de Jason es la naturalidad. Y eso que el planteamiento es, ciertamente, bastante inverosímil.
Ambientada en un presente donde el asesino a sueldo es una profesión tan natural y normal como carnicero o electricista, el protagonista pasa su vida matando por encargo pero desde la apatía de un trabajo rutinario. Se ocupa de sus tareas como un fontanero cualquiera y no quiere escuchar las motivaciones (vestigio de la culpa por encima del egoísmo) de sus clientes. Tiene problemas con su pareja, es una persona como otra cualquiera con un trabajo como otro cualquiera.
Siguiendo la cita con la que arranca este post, la realidad propuesta es consistente, coherente y veraz por más increíble que pueda parecer. Y se le presenta una oferta irrechazable. Una fortuna por matar a Adolf Hitler, el cliente-científico ha construido una máquina del tiempo y quiere que el asesino a sueldo viaje al tercer Reich a matar al dictador.
A partir de ahí todo fluye, sin estridencias, viajes en el tiempo, asesinatos y un futuro que debiera ser diferente. Es aquí donde se plantea una de las cuestiones más interesantes, el futuro sería distinto sin la IIª Guerra Mundial o la naturaleza humana es como es y echarle la culpa a ciertos actos o acontecimientos no es más que echar balones fuera.
Personajes antropomórficos típicos del autor y un trazo claro y limpio, casi minimalista. Donde expresiones, gestos y acciones son el vehículo para trasladar la acción. Un ejercicio que parece muy directo pero que exige una fuerte capacidad de síntesis. Una gran historia que surge dese la normalidad y la tranquilidad, sin sobresaltos.
“Ocho maneras sencillas de destruir la soledad” relato de Pedro Larrañaga
Nada más cerrar la puerta, ya estaba ahí.
Sentada, en su sillón preferido, el suyo, el de usted. Hojeando, con desgana, su libro preferido, el suyo, el de usted. Aún se preguntaba cómo podía haber sucedido, por qué él, o ella, se habían ido, y ya estaba ahí.
Llegó sin avisar, sigilosa, por las escaleras, para quedarse a vivir. Sí, es cierto, nadie la invitó a pasar, a cenar en su mesa, a quedarse de pie a su lado mientras se baña, revolverle las sábanas o sentarse con usted en la cocina, pero ya está aquí.
Eso es lo que tiene la soledad.
No respeta sus decisiones, ni le importa si usted quiera que se vaya. Es una chica caprichosa (y algo cruel, para qué negarlo), que sólo sigue sus propias reglas. Adopta formas distintas y variadas, pero se le conocen costumbres repetidas en muchos de los casos:
- Contar historias pasadas, habitualmente tristes, que usted no quiere recordar.
- Esconder objetos cotidianos, para aumentar su sensación de pérdida.
- Remover el polvo acumulado, con lo que se le mete en los ojos y ya no puede evitar las lágrimas.
- En la cama suele hacer difícil conciliar el sueño, así las noches se hacen más largas y el cansancio se apodera de nuestra vida diaria.
Y como esas, muchas más. Estas son sólo algunas de sus conductas, identificadas por los más prestigiosos investigadores de las más prestigiosas universidades, tras analizar a una muestra suficientemente representativa de sujetos. Pero todos sabemos que hay más.
Muchas más.
De todos modos, tranquilidad, no caiga en la desesperación. Ahora, en este preciso momento, nos complacemos en poner a su alcance un método, casi infalible, para acabar, de una vez por todas, con ella. No, no, no lo dude, no es el momento de tener piedad.
¿Acaso ella la tiene cuándo le habla de sus lejanos paseos por la playa? No, que va, no la tiene.
¿O cuándo le hace sentir tan pequeño/a frente al televisor, atiborrándose de chocolate? No, de eso nada, no la tiene.
¿O, quizás, cuándo le pide que se quede en la cama, sin hacer nada, porque ya nada hay que hacer? No, jamás, no la tiene, no tiene la más mínima piedad.
Es por eso que no debe vacilar. Es ahora o nunca. Aquí tiene las ocho maneras más sencillas de destruir su soledad. De una vez y para siempre. O al menos hasta la próxima ocasión.
(Antes de comenzar, por favor, lea atentamente las advertencias al final de este prospecto)
1. Es la hora del cine, de ver una película. Acción, aventuras, nacional o extranjero, da igual, lo importante es salir.
Sí, probablemente se encuentra usted un poco desconectado/a de la actualidad cinematográfica, pero no se preocupe, eso no es lo importante.
No se trata de empaparse de obras maestras de la gran pantalla (normalmente son largas y aburridas), o de posicionarse a favor del cine español (eso lo dejamos para los ministros de turno), ni siquiera estamos hablando de distinguir a los buenos de los malos (lo importante, al fin y al cabo, es si están buenos). Hablamos de ir al cine. Lo importantes es ir, a qué ya es secundario.
Seguro que recuerda dónde queda el cine más próximo a su domicilio. Pues no tiene más que acercarse, comprar una entrada, coger palomitas y dejarse rodear. Por familias enteras, por grupos, parejas, amigos, matrimonios, peñas o defensores de los derechos humanos. Rodeado, rodeado por todos.
El método es sencillo. Mientras compra la entrada, acérquese mucho a los que están delante de usted y escuche sus conversaciones. Ríase si hacen bromas o niegue con la cabeza si hablan de problemas o inconvenientes. Hay que recuperar la costumbre de escuchar a los demás. Ya sabe que uno de los mayores problemas del mundo es la falta de comunicación, la gente ya no se para a escuchar. Pero usted sí.
Después, en la sala, sentirá la compañía de cientos de personas. Personas que reirán, se divertirán o se emocionarán con usted. Y así conseguirá lo que está buscando: compartir con alguien esa hora y media o dos horas que dura la película. Un gran comienzo, ¿no le parece?
Nota: Hay informes de actuaciones parecidas en el mundo de la música. Ir a un concierto lleno de gente puede ser una experiencia muy interesante. Personas saltando y cantando en continuo contacto. Además, suele haber alcohol, lo que favorece la comunicación espontánea. De todos modos, se recomienda informarse bien del grupo musical, hay muchos artistas que disfrutan del rollo “genio sufridor” y pueden resultar contraproducentes para sus objetivos.
2. El deporte es vida, en especial el fútbol.
No, no se asuste, no hablamos de comprar unos pantalones cortos o sudar corriendo sin aire detrás de un balón. El llamado deporte rey ofrece otras alternativas más provechosas para sus necesidades (y mucho menos cansadas).
Hágase socio del club de fútbol de su ciudad y acuda cada domingo al estadio. Cómprese su bufanda y su bolsa de pipas, y ya estará listo para formar parte de esa marea que apoya incondicionalmente al equipo de sus amores. No hay mejor lugar para liberar tensiones en comunidad que un estadio de fútbol. Olvídese de las aburridas terapias, saltar y gritar con otras veinte mil personas cuando su equipo consigue marcar un gol, será un momento inolvidable. Silbar, chillar, aplaudir, toda una completa gimnasia comunitaria. Además, los lazos que se forman con los vecinos de butaca son para toda la vida, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte o el descenso los separe.
¿Qué en su ciudad no hay equipo de fútbol? No se preocupe. Apenas a un par de metros de su portal, hay un bar en el que ver los partidos por televisión. Liga, copa, champions, mundial y torneos de verano. Casi no habrá día en el que no pueda bajarse a pasar dos horas rodeado/a de sus compañeros.
Para esta segunda alternativa, se recomienda aficionarse a la cerveza. Un forofo del fútbol sin cerveza no es lo mismo. Además, también es muy útil hojear cada día el Marca para tener suficientes tópicos que repetir durante la retransmisión deportiva.
El fútbol es muy recomendable en estos casos porque posee una figura de gran valor terapéutico: el árbitro. Este es un personaje diseñado para proyectar en él todas nuestras frustraciones e insultarle como si fuera el mayor villano de la historia y responsable de todas nuestras desgracias. Es muy relajante llamarle de todo a alguien en medio de la aprobación de los que nos rodean.
3. Su nuevo mejor amigo: una mascota.
Un perro, un gato, un conejo, da igual, en lo esencial no hay grandes diferencias. Sus necesidades básicas no cambian demasiado de unas a otras. Hay que darles de comer, limpiar sus cacas y dejar que se duerman sobre sus piernas. Cosas sencillas.
Esta es una de las formas más tradicionales, lo sabemos, pero, a veces, funciona. Sobre todo si usted disfruta hablando sin esperar una respuesta. Su mascota estará ahí para recibir sus caricias y sus reproches, para atender a sus historias y anécdotas, para soportar sus enfados y sus berrinches. Y todo ello sin una sola palabra en contra. ¡A que es increíble!
Para su mascota usted siempre será el centro del universo. No habrá amigos/as que interfieran en la relación. Su familia tampoco será un problema, es difícil que su mascota tenga claro quien es su madre o su padre. Son cariñosos y sólo piden comida a cambio.
Es cierto que no se puede esperar mucho de ellas en términos de compartir gustos o aficiones, pero es innegable que resulta un buen comienzo para expresar nuestras emociones. Con ellas siempre tendremos un oído atento a nuestro lado. No se deje engañar por su expresión de aburrimiento, tienen un gran mundo interior.
4. Cultive su imaginación.
La imaginación es una de las herramientas más poderosas del ser humano. Sin ella no habría sido posible ninguna de las grandes creaciones de la humanidad. Ni la literatura, la ingeniería, la arquitectura o la pintura, por poner sólo unos ejemplos, habrían alcanzado las grandes cimas que han conquistado, de no tener una mente imaginativa tras ellas.
Ahora es el momento adecuado para que usted le saque partido a su imaginación.
Créese otra vida más allá de la realidad en la que vive. Puede empezar con un pequeño detalle, como inventarse otra profesión u origen, y después continuar con elaboraciones más complejas. Un amigo imaginario o crear un alter ego de nosotros mismos es toda una aventura llena de posibilidades.
¿Siempre había soñado con ser actriz o pintor? Pues a qué está esperando.
¿Una vida de éxito como jugador de pádel? Ahora es posible.
¿O acaso ser el centro de una complicada trama de espías y sicarios? Por supuesto, usted pone los límites.
A medida que avanzamos en la construcción de esta otra vida, se pueden ir añadiendo detalles y nuevos personajes, hasta construir un gran conglomerado de espacios, eventos y aventuras. Se recomienda, también, ir sustituyendo recuerdos, especialmente los desagradables, por anécdotas felices, adornadas a su gusto. Eso sí le hará disfrutar.
De todos modos, tenga en cuenta que mantener todo este mundo imaginario, requiere también de una gran constancia y esfuerzo. Es de vital importancia que tenga esto muy presente antes de comenzar, para evitar posibles frustraciones si todo el castillo de naipes se viene abajo.
5. Nunca es tarde para estudiar una carrera.
En su momento no le interesaban los estudios porque eran muy aburridos. Tal vez comenzó en la universidad, pero lo dejó porque encontró un trabajo en el que le pagaban bien. Quizás sí la terminó, pero hace ya mucho de eso.
Sea cual sea su caso, bórrelo de su mente.
Aquí no estamos hablando de si el sistema universitario funciona o no, eso no es nuestro asunto. Tanto da la calidad del profesorado o los inexplicables créditos de libre elección. Lo importante, en el caso que nos ocupa, es que la universidad es un lugar en el que se juntan, cada día, miles de individuos llenos de ansias de relacionarse. Es todo un mundo de oportunidades.
Pedir o prestar apuntes. Saltarse clases y jugar a las cartas en la cafetería. Los trabajos en grupo. Los compañeros de prácticas. Las fiestas de facultad. Las manifestaciones. Montones de oportunidades en las que compartir horas y horas con otros universitarios.
Evidentemente, esta opción puede ser más arriesgada si usted ya tiene una edad, sobre todo si sus escrúpulos son altos en cuanto a las relaciones intergeneracionales. Sin embargo, antes de descartarla por completo, recuerde que esos miles de universitarios aún tienen una opinión idealizada del sexo, en muchos casos, fruto más de películas o páginas de Internet, que de la propia experiencia. Ya sabe, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas.
6. Viajar es un placer.
No es necesaria una gran inversión, ni empacharse de miles de kilómetros para visitar monumentos que, para qué engañarnos, no le dicen nada.
Muchas veces, nuestros propios lugares de residencia son los que menos conocemos, y ya es hora de cambiar eso. Empiece utilizando el transporte público, el autobús o el metro, el que más le guste. Olvídese de ir solo/a en el coche, escuchando la radio, donde nunca se puede saber cuando van a poner esa triste canción que nos arrancará las lágrimas. De eso nada, mucho mejor el transporte público, dónde va a parar. Y más ecológico y de buen ciudadano.
Sentado junto a un desconocido/a, cualquier primera frase por su parte, servirá para iniciar un interesante diálogo. Es importante conocer a fondo los principales temas de conversación del transporte urbano: el tiempo, la poca amabilidad de los jóvenes para ceder el asiento, cuando era pequeña, éste no pasa por la Plaza de España, y todos los clásicos. Si se ve un poco fuera de lugar al principio, sería mejor aprovechar los primeros viajes para observar y estar atento/a a las costumbres de los demás usuarios. Alterne entre líneas muy concurridas y otras más tranquilas, para poder descubrir sutiles diferencias y estar al corriente de todo. Nunca se tiene demasiada información.
Poco a poco puede ir probando con viajes un poco más largos. Trayectos a poblaciones cercanas con los que estirar más las conversaciones, hablar sobre la familia o el trabajo (mucho mejor si son los imaginarios) o, incluso, afianzar una bonita relación estable hasta que se abra la puerta del autobús.
Nota: es importante conocer bien los horarios, para evitar posibles sorpresas. No hay nada más triste y solitario que esperar por el autobús en una estación de carretera semi abandonada.
7. Compartir es vivir.
Ni se le ocurra. Seguro que ha pensado en la idea de volver a casa de papá y mamá, pero ese sería su mayor error. En serio, fatal.
Sus padres son los mejores del mundo, eso sin duda, pero en estos momentos de fragilidad emocional, el impacto de una vuelta al hogar paterno puede tener consecuencias irreversibles. Ellos quieren lo mejor para nosotros, pero sus preguntas, sus miradas y sus comentarios, son difíciles de controlar. En ocasiones, llegan como una bofetada cuando uno menos se lo espera. Y entonces la caída es inevitable.
Además, ya somos adultos, es hora de afrontar, y resolver, nuestros propios problemas.
Por eso seguiremos una de las felices recomendaciones de nuestros progenitores: compartir es vivir.
Ponga un anuncio y busque alguien con quien vivir en común. Esa habitación o habitaciones que le sobran pueden tener un mejor uso que acumular en su interior cacharros y porquería inservible. Con un compañero, además de tener unos ingresos extras, usted vuelve a recuperar la sensación de control.
Realice entrevistas a los aspirantes, hágale preguntas sobre sus vidas y aficiones, satisfaga su curiosidad, siempre con la excusa de que es necesario saber con quién se va a vivir. Una vez haya tomado su decisión, ya tiene a alguien en su casa con quien iniciar una bonita y duradera vida en común.
Es importante darles un tiempo y no esperar demasiado al principio, para no llevarnos desengaños tampoco. El primer paso ya está dado. Ahora hay más comida que la suya en la nevera, más botes de jabón en la bañera, más ropa sucia para la lavadora. En fin, la dulce compañía.
Después se puede comenzar a compartir el pan de molde, para uno solo es fácil que se caduque, o comprar entre ambos los productos de la casa. Detalles que irán haciendo más sólida la convivencia. De ahí a ver juntos películas o salir un día a tomar unas copas, hay sólo un paso.
Recuerde una cosa importante, su compañero/a de piso no es de su propiedad, de vez en cuando hay que darle su espacio. Sin pasarse, pero que no parezca que nuestra vida gira en torno a ellos/as. Además, no se recomienda aceptar a los que ya tengan pareja, no han resultado muy provechosos en casos anteriormente analizados.
8. Por último, y si nada de lo anterior, ha funcionado, hágale el amor (a su soledad, se entiende).
La soledad no lleva bien el cariño, ni las relaciones de excesiva cercanía. Parece disfrutar más estando ahí, junto a nosotros, pero sin intimar. Por eso, aunque sabemos que puede resultar difícil, dígale que la quiere.
Verá como se asusta.
Acaríciela, despacio, dejando que sienta le yema de sus dedos por su piel. Mírela a los ojos y dígale la verdad. O miéntale, lo fundamental es que se lo diga.
Soledad, te quiero.
Entonces cójala de la mano y llévela a la habitación. Bésela en el cuello, en las orejas y en los hombros. Con toda la ternura de la que usted es capaz. Note cómo se va poniendo nerviosa, pero le deja hacer. Porque la soledad es curiosa. Quiere saber de nosotros, de nuestras maneras, de nuestras capacidades.
Desnúdela, observando cada milímetro de ella como si fuera lo más hermoso del universo. Pase la punta de su lengua por sus espacios más sensibles. Los pies, la cara interior de los muslos, los pechos y las ingles. Seguro que puede ver cómo se encoge bajo su tacto.
Estire cada gesto y, sobre todo, disfrútelo. Si usted lo saborea, lo goza, ella también lo hará. Se dejará ir para que usted entre en su interior. Y una vez dentro ya todo será más fácil.
A la mañana siguiente, cuando despierte y se frote los ojos, podrá ver que se ha ido. A ella, como a todos, también le da pánico la mañana siguiente.
Entonces levántase y prepárese un buen desayuno. Saboréelo porque ese es el primer desayuno de su nueva vida.
Advertencias:
El orden de estas pautas no es único e inalterable para todos los pacientes. En caso de no obtener resultados positivos una vez puestos en práctica todos ellos, se recomienda volver a comenzar, variando los elementos hasta dar con la fórmula apropiada.
Todas las combinaciones posibles de estas ocho pautas dan un total de 40.320 variantes.
Hasta ahora no se conoce a nadie que las haya probado todas sin conseguir resultados positivos. De hecho, no se sabe de ningún paciente que las haya probado todas, por lo que el autor mantiene la fe en la funcionalidad de su método. De todos modos en importante recordar que, como todo el mundo sabe, no hay recetas iguales para todos, y es importante que cada uno encuentre su propio camino.
“Vértigo” de Alfred Hitchcock, 1958
Alfred Hitchcock es un genio del cine de intriga y suspense, a estas alturas ya nadie podría negarle esa condición. Películas como “Psicosis” o “Con la muerte en los talones” no se pueden calificar con menos que con la categoría de obras maestras. Son obras, además, que han envejecido magníficamente, conservando su vigencia y haciendo disfrutar tanto a nuevas generaciones que se acercan a ellas por primera vez como a aquellos que quieren revivir esos momentos pasados, esos clímax impredecibles y esas tramas que se van desmadejando ante nosotros poco a poco.
“Vértigo” pertenece también, por derecho propio, a ese conjunto de obras imprescindibles del genial director. Asentada sobre un argumento a priori tan banal como los problemas de vértigo del policía John Scottie Ferguson (un magistral James Stewart), que le obligan a abandonar su profesión, se va desarrollando la trama del film.
Es un film que queda definido en tres partes definidas por la propia música, una primera marcada por la melancolía, donde el protagonista ya retirado recibe el encargo de seguir a la mujer de su amigo (una Kim Novak también notable) víctima de una supuesta posesión por parte de una antepasada de su familia. Entre víctima y detective se crea un vínculo que supera los límites de la pasión. El detective, fascinado por la mujer, convierte esu trabajo en una cuestión personal. Se establece además un paralelismo entre la relación de Novak con Stewart y la que este tiene con Barbara Gel Meddes en el papel de Maggie Wood. Todos persiguen la atención del ser amado que se les escurre entre los dedos.
En su segunda parte la desesperación lo impregna todo, la pérdida del ser amado. La búsqueda por recuperar una felicidad que llegó a tocar con las yemas de los dedos, pero que por culpa de su problema con el vértigo lo devuelve a un pasado que creía superado. Esto deja postrado en un estado semicatatónico al policía del que comienza a salir poco a poco cuando cree recuperar al ser amado, una nueva mujer (en realidad la misma con otra identidad) a la que intenta reconvertir en su amada perdida.
Por último, el clímax final de un misterio ya resuelto para nosotros pero no para el protagonista, la música vuelve a dirigirnos hacia el suspense, el miedo y la intriga ante el final inesperado.
Es un film marcado por el vértigo, los planos abandonan en abundancia el punto de vista del observador normal, los personajes se sitúan a diferentes niveles, abundan los picados y los contrapicados. Siempre ronda la sensación de que la altura, o al menos la percepción que tenemos de ella, es un elemento más a tener en cuenta. En un momento en el que los efectos visuales cada vez son más importantes, la vuelta a los clásicos nos recuerda que son las historias las que sustentan a las películas y no los artificios.
James Stewart ofrece otra de sus magníficas actuaciones, es un personaje que aporta esa imagen de desgarbado y desenfadado, que utiliza un tono casi irónico en sus relaciones, tono que se convierte en suplicante (reflejo de esa desesperación) cuando la receptora es su amada, cuando lo que le reclama es que la deje protegerla,que le permita superar sus propios temores evitando su inevitable final.
“Saber perder” de David Trueba, 2008.
“No te olvides que todo esto es sólo un atropello, se trata de salir con vida, nada más.”
Un período de tiempo determinado, cuatro personas que quieren ser solo ellos mismos. No es un retrato de una sociedad en sus miembros pero sí en sus actitudes. Los adolescentes, problemas e inquietudes. Los adultos, con sus vidas formadas que funcionan o no, se rompen, se reconstruyen a jirones. Los ancianos, que ven el final del camino, pero que sienten y todavía experimentan, donde la sociedad ve elementos ya inútiles los implicados siguen con su existencia.
En un entorno también controlado por el autor, Madrid como un personaje más, una ciudad tan variada como sus protagonistas.
¿ES ESTO DESEO? “Lo había visto hacerse adulto, marido, padre, construirse una vida normal. No podía negar que esa normalidad estaba algunos escalones por debajo de la expectativa de Aurora y Leandro. Pero todos los padres esperan demasiado de sus hijos. Con el tiempo llegaron a confiar en que esa normalidad acaso fuera la receta para la felicidad. Pero no fue así. O lo fue durante un tiempo, hasta que todo empezó a quebrarse. A su hijo no le gusta hablar de sus problemas, así que mantienen una relación distendida, sin buscarse las faltas. Comían los domingos y en la mesa se hablaba de todo lo que no doliera.”
“Tendrá que vigilar que no asalte sus sueños, los ratos en que su pensamiento se evade. Que no se introduzca en sus lecturas, en la música que escucha. Que no alimente los ratos muertos con el anhelo de una llamada de él, de un contacto que no llega. Sabe que el único placer del que puede disfrutar es el que provoca esa punzada de dolor, esa especie de desolado conformismo. Está triste, pero al menos la tristeza es suya, la ha fabricado ella con sus expectativas, no se la ha provocado nadie, no es víctima de nadie. Se siente bien en ese sufrir, no le molesta. Se tumba. A esperar. No sabe qué.”
Cuatro personajes, diferentes generaciones, relaciones familiares y afectivas. La historia comienza con Sylvia, a punto de cumplir 16 años, organiza una falsa fiesta de cumpleaños para seducir a un amigo. Normalmente las cosas no suelen salir como se planean y después de un acercamiento sexual fallido sufre un atropello. Que ejerce de pistoletazo para su cambio en su vida.
Su padre, Lorenzo, recién abandonado por su mujer y madre de Sylvia, Pilar, pelea por mantenerse a flote en medio de una vida personal y laboral derruida. Un gran secreto pesa como una losa (el tema del crimen de Lorenzo es el punto flaco de toda la obra, carece de importancia real en la trama) y encontrará donde menos se lo espera una nueva motivación para seguir.
El abuelo de Sylvia y padre de Lorenzo, Leandro, se encuentra con la grave enfermedad de su mujer, auténtico motor de su vida. En medio de esta situación y contra toda lógica nacerá en él un deseo irrefrenable que lo conducirá a una situación muy delicada.
Ariel, una joven promesa del fútbol argentino, llega a España para convertirse en estrella. No todo sale como se esperaba y el cuento de hadas se convierte en una dura realidad. Su atropello sobre Sylvia, no en las mejores condiciones de alcoholismo, va a ser su ocasión de conocer a una persona alejada de su mundo y que le recordará su condición humana.
¿ES ESTO AMOR? “Se da cuenta de que el estado de ánimo es una cuestión de energía. Si te paras, te hundes. El equilibrio es una cuestión de movimiento.”
“Es un sitio horrible para quedar, ya lo sé, pero es nuestro sitio, ¿no?”
“… pero ya sabes que el gusto es una forma de memoria, así que sólo aprecia lo que conoce.”
Las personas buscan en la vida fantasías que completen su existencia, a veces no hay base o futuro, es una huida hacia delante.
Es muy habitual confundir las sensaciones, el estado de enamoramiento es muy adictivo. La emoción que acompaña esos primeros momentos, la descripción de un inicio de relación es, simplemente, magistral. Los pequeños detalles, solo compartidos por los protagonistas son el sustento, son secretos que alimentan la relación, cimentan la confianza, generan complicidad.
Todos en esta novela saben, aunque no lo quieran ver, que sus relaciones no van a ningún lado. Están viviendo el momento, encontrar la paz antes de enfrentarse a la realidad. Que nunca falta a la cita.
¿ÉSTE SOY YO? “Joaquín hablaba del desinterés público por la educación y la cultura, de su placer al dar cursos para jóvenes. Luego presentaba un panorama pesimista de la humanidad. Nada nuevo. La visión fatalista de aquellos que disfrutan de un presente más que aceptable. El mundo va a peor, es lo que dicen todos los que saben que para ellos no puede ir a mejor, piensa Leandro.”
“Leandro vuelve a sentir una punzada de cobardía. ¿Por qué hago todo esto? ¿Por qué ensucio todo a mi alrededor? Se hace las preguntas que no puede contestar. Conoce las debilidades de los demás casi también como las propias. Y sin embargo ni le sirve de consuelo ni de freno.”
“De modo automático Ariel lo introdujo en la lista de personas despreciables que había conocido en su vida. No era una lista demasiado larga, pero incluía a aquellos que habían eludido su responsabilidad cuando tocaba dar la cara, que habían sido falsos, interesados, traidores, en los momentos en que uno más indefenso estaba.”
A veces no nos reconocemos en nuestros actos, tomamos conciencia de nosotros mismos una vez ha pasado un cierto tiempo. Adquirimos la necesaria perspectiva. El mundo se encarga de devolvernos a nuestro sitio. El dicho: “el tiempo pone a cada uno en su lugar” no puede ser más real, no se puede escapar de quienes somos o de nuestros actos.
¿ES ESTO EL FINAL? “El tiempo los aplastará, todo ese desafío que escupen ahora con desprecio en nuestra cara se agotará un día y se convertirán en lo que hoy más odian.”
“Sylvia se sorprende cada vez que establece una extraña corriente con Dani. Le gusta su desastrada manera de vestir y moverse, su timidez para hablar cuando hay personas que no conoce, en contraste con su seguridad cuando está en confianza. Hay algo que lo mantiene al margen del grupo, como si no necesitara agregarse para existir. Esa independencia agrada a Sylvia. Sin embargo no le atrae físicamente, le inspira más bien una complicidad de amigo, de alma gemela.”
“Luego habló para sí mismo, sin atreverse a mirar a su hija. No sé, sólo me gustaría que no te convirtieras en una mierda, ¿sabes?, es tan fácil convertirse en una mierda. Tú ahora eres… Lorenzo se detuvo. No sé, es tan fácil cagarla. Hacerlo todo mal.”
Es un libro que ocupa un espacio de tiempo determinado, un período limitado, nueve meses que son casi como un paréntesis en la vida de nuestros protagonistas. Los recogemos en un momento de su existencia y los dejamos. Casi como si nada, tienen su bagaje, su pasado, que vamos conociendo poco a poco, los convertimos en íntimos. La sensación de pérdida cuando finaliza es desoladora, querríamos saber que todo va a ir bien, que el mundo no se los va a comer. Esa incertidumbre serviría como baremo para valorar la obra, sufrimos con ellos, nos identificamos con su sufrimiento, querríamos ayudarles en esos momentos donde más nos necesitan y sentimos el final de la novela con el dolor de una marcha irreparable.
“Do que estou a falar cando falo de correr”(II)
Una vez finalizada la lectura, y superada la impresión inicial, queda una sensación de gratitud. Existen en el mundo muchos buenos escritores, y es obvio que dentro de cada una de sus obras hay una parte importante de sí mismos, pero que expliquen tan minuciosamente hechos tan personales, que desnuden su interior, probablemente sea un acto de generosidad a la altura de los más grandes.
“Polo menos nunca camiñei.”
Motivaciones íntimas, vivir tu vida como quieres y no avergonzarte de ello.
“Non existe no mundo real algo máis fermoso que a ilusión que posúe un home que perdeu a razón.”
Hay experiencias por las que pasamos en nuestras vidas que nos hacen progresar (para bien o para mal), porque quedarse quieto no te mantiene en una inmutable posición, el mundo te pasa por encima y comienzas a retroceder.
“E el será que a mentalidade das persoas está influida polas súas características corporais? Ou talvez o corpo e a mente actúan e se inflúen estreitamente? O único que podo dicir eu é que as persoas temos unha especie de “tendencia xeral” innata e que or moito que se queira, non se pode fuxir dela. Esta tendencia pódese regular en certa medida. Mais non se pode mudar de raíz. É o que se chama “a natureza”.”
No hay duda de que la sabiduría está en los libros (ya ha aparecido está reflexión con anterioridad, pero es que todo acaba volviendo al orígen), y eso es porque existe tal variedad que se puede encontrar casi cualquier cosa (incluso alguna más de la necesaria). Podemos sentirnos reconfortados de encontrar argumentos de peso en autores de prestigio. Pero al final solo son eso, opiniones de otros, tan válidas como debería ser la propia.
La capacidad de evolución personal es bastante variable en los seres humanos, en realidad es un cambio de costumbres más que una modificación interior. Tus propias circunstancias, tu familia o acompañantes te pueden ayudar a moldearte. El hábito y el esfuerzo son los factores determinantes porque “la naturaleza” de una persona no se cambia, podría adaptarse, pero no se cambia.
“Supoño que, como sabedes, os dezaseis anos son unha idade extremadamente complicada. Tornámonos susceptíbeis ante cousas insignificantes, non podemos ver obxectivamente a nosa propia posición, xactámonos ou sentímonos acomplexados por parvadas. A medida que imos madurando e pasamos por moitos ensaios e erros, recollemos o que debemos recoller e desfacémonos do que nos debemos desfacer, e chegamos á conclusión (resignación) de que se comezamos a enumerar os nosos defectos e puntos fracos, non acabaremos nunca. Mais algo bo teremos, e non hai máis remedio que arranxarse co que temos.”
Madurar, como tan bien explica Murakami, no es más que probar y fallar, hasta acertar, o simplemente obtener un resultado satisfactorio. Está claro que la adolescencia es el punto supremo de la inmadurez, pero el paso hacia la época adulta no es un camino lineal. Alcanzar un punto de aceptación personal puede ser el objetivo supremo (y consecuentemente el más complicado), uno puede tener la mejor de las posiciones, la más estable de las situaciones personales, una carrera profesional completa, que todo se puede venir abajo con la aparición de ese terror (irracional por supuesto) que te hace perder la confianza en ti mismo, dudar, ese el verdadero baremo para medirse a uno mismo. Esa es la verdadera madurez, y ahí es donde vamos a poder explorar todas nuestras posibilidades, experimentar nuestros límites.
“E, con vistas a seguinte carreira, seguiremos adestrándonos en silencio coma até agora (supoño), cada un no seu lugar. Aínda que esta vida se reflicte, aos ollos dos outros -ou talvez enxergándoa* dende moi alto-, coma un valor efémero sen significado importante ou coma algo dunha eficacia pésima, creo que non lle hai que dar máis voltas. Mesmo se realmente non é nada máis que unha operación insubstancial, como botar auga nunha pota vella cun buraquiño no fondo, polo menos fica a realidade de que me esforcei. Que haxa unha eficacia ou non, que sexa atractivo ou non, á fin e ao cabo, é o máis importante para nós, máis na maioría dos casos son cousas que non se poden visualizar (aínda que non se podan sentir na alma). É, ás veces, as cousas que teñen valor de verdade son cousas que só se poden obter mediante operacións de eficacia pésima.”
(*enxergar -na súa segunda acepción no Diccionario Xerais- significa ver a considerable distancia; albiscar, avistar, dexergar)
El mundo está lleno de competiciones, las hay de todo tipo. Se obtienen todo tipo de resultados. Se pueden buscar explicaciones, excusas, buscar nuevos retos. Pero la verdadera competición es siempre primero contra uno mismo, es a la única persona a la que no puedes engañar. Y la satisfacción que aporta la propia superación personal no se cambia por otra victoria. Es una lucha encarnizada, y se obtiene la mayor de las gratificaciones porque no hay mayor rival que los propios límites. Se alcanza un mayor conocimiento personal, hasta donde podemos llegar, nuestra capacidad de sufrimiento, de comprobar como podemos minusvalorarnos o sobreestimarnos; sin intermediarios y, por suerte o por desgracia, sin engaños.
Al final, la mayor enseñanza que se saca es la determinación en buscar lo que se quiere (la eterna búsqueda de la felicidad, o al menos de un grado lo más alto posible de satisfacción personal), pero desde el esfuerzo y la constancia. Se puede tener la habilidad para hacer algo (de lo más insignificante a lo más trascendente) pero si esto no se acompaña del trabajo necesario los frutos no van a aparecer por sí solos.



