lector bajito

lo que llama mi atención

“Armando” relato de Vanessa Barral

con 2 comentarios

Armando es un tipo inquietante.  Lleva siempre un calcetín de cada color, pues dice que le da mucho trabajo emparejarlos.  El café lo toma sin azúcar, pero con cariño, y cada vez que tiene que sentarse en una silla se queja de los avances de la ciencia. El hombre no es más que la involución del mono, dice.  Vive en el piso 43 de una de las torres más altas del centro porque las bajuras le dan vértigo.  Nunca ha trabajado, pero el dinero lo saca del banco, como todo el mundo!

Es bien conocido en los bares de la ciudad, donde suele pasarse horas bebiendo y  charlando con sus amigos o con gente aleatoria que pasa por allí.  Por alguna extraña razón, cuando Armando se acerca a alguien, aunque sea un completo desconocido, esa persona no puede negarse a hablar con él.  A menudo le ves entablar conversaciones que duran horas con gente que entra a comprar tabaco al bar, o con alguien que está esperando el autobús.  Después, cuando le preguntas si les conocía te dirá q era su vecino.  Es que en un rascacielos cabe mucha gente! suele bromear.  Sin embargo,  ya sean vecinos o no, nunca se ha visto a ninguno de ellos asustarse o ignorarle cuando se les acerca, aun a pesar de lo imponente de su imagen.  Sin duda Armando tiene algún extraño poder de atracción para la gente, o tal vez es que sabe elegir a las personas a las que arrima.  El caso es que al final todos le tratan como si fuera uno de sus mejores amigos.  Muchos acaban convirtiéndose en ello, como yo, y otros no volverán a verlo, pero tampoco lo olvidarán nunca, porque Armando deja algo en tí cada vez que te habla, aunque no te esté diciendo nada.

Su casa es de lo más peculiar.  No hay un sólo mueble, y sus pocas pertenencias las tiene agrupadas en estanterías que él mismo ha construido con trozos de madera y cartón.  En el salón,  una de las paredes está completamente cubierta con cintas de vídeo apiladas, cassettes y discos de música, como si la hubieran forrado con un papel tridimensional de múltiples colores y formas.

Hay una habitación que siempre está cerrada, es la que más me gusta. La habitación del saber, como a Armando le gusta llamarla, donde duermen cientos de libros amontonados.  La primera vez que abrí aquella puerta me quedé perpleja. Costaba abrirla, como si las bisagras hubieran cedido, pero se debía al peso de los libros al otro lado.  Una vez abierta, el olor a papel viejo te golpeaba en la cara, al mismo tiempo que la visión de aquella enorme montaña de libros te dejaba sin aliento.  La pared del fondo estaba completamente cubierta, y el resto caían hacia el frente, como si hubieran ido resbalando poco a poco.  La parte más alta del montículo estaba por encima de mi cabeza, ya a pocos centímetros del techo. Algunos parecían tener más años que yo, otros todavía tenían restos del envoltorio… unos estaban cerrados, otros abiertos por alguna página aleatoria, pero todos parecían descansar tranquilos, en un silencio tan absoluto que daba miedo romperlo.

Volví a abrir aquella puerta, para comprobar que el montón había crecido considerablemente. Ya no quedaba mucho espacio.  En unos meses los últimos rincones se rellenarían y sería imposible abrir la puerta.  No sabría calcular cuántos libros había allí, pero me costaría más calcular cuántas horas habría dedicado a Armando a leerlos.  Porque si de algo estaba segura es de que los había leído todos, algunos probablemente varias veces.  Me pregunté qué haría Armando cuando esa habitación se llenara. Probablemente empezaría a llenar la suya propia, luego el salón, la cocina… me imaginé un piso entero lleno de libros, La casa del saber.

Armando trae el café y nos sentamos en los cojines que tiene desperdigados por el suelo.  Al darme la taza, mi mano roza sin querer la suya, y él se aparta disimuladamente.  Por algún motivo, a Armando no le gusta el contacto físico con la gente, y cada vez que alguien se acerca demasiado él se separa disimuladamente, despacio, intentando no ofender a la persona.  Generalmente la gente no lo percibe, pero si estás un tiempo con él enseguida te das cuenta de que siempre reacciona igual. Mientras lo veo sentarse a varios metros de mí me pregunto a qué se debe. Quizás se trate de una manía, de una costumbre, o tal vez tiene la piel demasiado sensible.  A lo mejor simplemente le pone nervioso que le toquen, o cree que él puede provocar nerviosismo si toca a los demás.  Por un momento me planteo preguntarle por qué lo hace, pero no me atrevo.  Siempre he tenido total confianza con él, desde el día en que lo conocí hemos tratado cualquier tema sin ningún tipo de pudor o reparo, pero esa pregunta nunca he sido capaz de formulársela.  De alguna manera sé que a él no le gustaría que se la hiciera, y pienso que esquivaría la respuesta lenta y disimuladamente, de la misma forma que se separa cuando te acercas demasiado, sin que apenas te des cuenta.

Intento pensar en otro tema, pero Armando parece leer mi pensamiento. Sé que no es la primera vez que lo hace, muchas veces veo reflejadas en sus ojos mis propias ideas.  Sé que una vez más las está adivinando,  y no sé qué decir, pero no necesito decir nada porque es Armando quien empieza a hablar.

-La mayoría de la gente no sabe cómo hay que tocar a los demás.  Nadie les ha enseñado.  Cogen tu mano de la misma manera que sujetan un vaso, como si no tuviera ningún valor.  No se dan cuenta de la cantidad de cosas que porta tu piel y, sin pretenderlo, te roban partes de ella poco a poco.  Cada vez que alguien roza tu brazo sin querer se están llevando una milésima parte de ti.  No lo hacen intencionadamente, simplemente desconocen el valor de ese contacto que ellos ni perciben.

Cuando coges la mano a alguien, cuando das un abrazo o una caricia… debes hacerlo con el corazón, y únicamente cuando estés segura de que tu gesto será recibido de la misma manera. Sólo así las pequeñas partículas de tu piel se fundirán con las de la otra persona, y en lugar de desprenderse se colarán a través de los poros de tu piel para quedarse en su interior, de forma que nadie pueda arrebatártelas.  Debes poner todos tus sentidos en ello, concentrarte y olvidar el resto, ser consciente del contacto, y percibirlo en su totalidad.  Sentirás calor en el punto de unión, y notarás cómo ese calor se extiende rápidamente por el resto de tu cuerpo. Podrás percibir las milésimas partes de la otra persona, que fusionadas con tus milésimas partes se van depositando en tu interior, aferrándose a ti con fuerza, y sabrás que la otra persona está sintiendo lo mismo que tú.

La gente en general no sabe esto.  Sin darse cuenta, van rozando su piel con la de otros, y poco a poco van perdiendo esas partículas de las que te hablo.  Lo que pierdes en un sólo roce es algo insignificante, pero con el paso de los años la cantidad de partículas desprendidas se convierte en algo ya perceptible.  Por ello, muchos llegan a mayores y se sienten vacíos.  La realidad es que lo están.  Han ido perdiendo todo lo que tenía valor en su piel, porque nunca nadie les ha enseñado a preservarlo y a compartirlo.

Armando da un sorbo a su café y con cuidado deja la taza en el suelo. Despacio, se levanta y se acerca a mí. Se sienta a mi lado, coge mi taza y la deja también en el suelo.  Me mira, y sin decir nada, me abraza.

De repente empiezo a sentir todas esas cosas que me acaba de contar, y por un momento el mundo a mi alrededor se detiene. Mi cuerpo se encoge, me siento tan pequeña como una de esas micropartículas, me convierto en una milésima parte de mí, y siento como me voy colando a través de sus poros, y recorriendo todo su cuerpo.  De la misma manera, siento cómo algo se va apoderando de mi cuerpo, a gran velocidad.  Siento el calor, y al mismo tiempo siento escalofríos. Es una sensación que ya no recordaba, y ni siquiera alcanzo a definirla.  Me siento bien, conmigo misma y con él, en mí misma y en él, con mis partículas y con las suyas.

Por unos segundos, siento cómo una parte de mi vacío se va rellenando.  Por un momento, desde hacía muchísimo tiempo, me siento en paz.

Y sé que él siente lo mismo.

Escrito por lectorbajito

8 Febrero 2010 a 22:12

Escrito en literatura

Etiquetado con ,

“El ángel oculto” de Lorenzo Silva

dejar un comentario »

“Tampoco me he tropezado con mucha gente que remontándose más allá de las limitaciones de su propio origen, es decir, aceptándolas, señalara tan certeramente las limitaciones que su procedencia imponía a otras”

“No podía dejar de interpretar que la novela había sido escrita, en gran medida, para compensar la ausencia  y el destierro, de esa manera tan española que consiste en revolver la sorna con la expresión infiltrada, casi de contrabando, de las heridas del corazón.”

“A pesar de todo, dejé pasar el tiempo hasta que pidieron la cuenta, con la subrepticia esperanza, sospeché después, de que los acontecimientos escaparan a mis designios.”

“Tal vez deberías probar a ser un tipo normal, conseguir un trabajo, y conformarte con lo que cayera, como yo. Hace diez años que me aburro y vivo feliz.”

Es un tema que comienza a ser recurrente y que no viene más que a confirmar lo que ya he expresado aquí anteriormente. Sucede más de lo habitual (tiene que ver inevitablemente con el tipo de obra a la que te aproximas) y la conclusión no es tan evidente como parece. Una vez se conocen las consecuencias las causas son más directas, las interpretaciones a posteriori acostumbran a carecer de calado crítico. La implicación con un libro te hace buscar equivalencias, experiencias o enseñanzas aplicables a la propia situación.

En definitiva, todo se reduce al estado de ánimo, no para valorar la obra en sí misma desde un punto de vista objetivo sino para esa subjetividad necesaria, ese “me gusta” que te hace verla con otros ojos, que te induce a perdonar defectos y magnificar virtudes. Repito que nada tiene que ver esto con un análisis crítico riguroso. Por ello se podría asegurar que acaba comprendiéndose más del lector-receptor que del autor-emisor.

Es esta una novela de intriga, nada que ver con el género negro, por si acaso. Un hombre decide cambiar, dejarlo todo atrás y marchar a New York a seguir con su existencia. No a llevar la misma vida en otro lugar sino realizar una transformación, es una obra organizada en torno a una búsqueda. Lo que no queda claro es qué es lo que busca. El proceso por encima del hecho, el camino antes que el destino.

“El libro reúne en una sola historia una variedad de elementos, algunos peligrosos: la fascinación por esa ciudad disparatada que es Nueva York, la nostalgia de la patria en los exiliados, la perplejidad del viajero. Es un híbrido entre el relato de viajes y el de intriga, con toques de reflexión existencial.” Lorenzo Silva refiriéndose a su propia obra.

Podríamos quedarnos aquí. La obra queda explicada y cualquiera que se haya aproximado a la obra del autor reconocerá ciertas pautas. Personajes como el sargento Bevilacqua (el Guardia Civil que junto a su compañera Chamorro aparece en algunas de sus novelas) o el desgraciado protagonista de “La flaqueza del bolchevique” comparten puntos en común desde el que partir a las aventuras que se les presenten. Una actitud de rechazo o resignación frente a la realidad, incluso de un cierto hastío, no en base a un idealismo ni una utopía sobre las oportunidades no aprovechadas, sino como la vida aplasta los sueños y los cambios de rumbo no son tan sencillos a partir de determinado momento.

A pesar de todo se respira optimismo en todo el conjunto, happy end incluido. La sensación, el regusto que queda es el de un viaje. Un viaje que nunca debería dejar de hacerse. Examinar cada cierto tiempo en que punto estamos para no dejar pasar el tiempo sin ser conscientes de ello. En momentos de encrucijada también hay que ser capaces de tirar, puesto que quedarse quieto es la mejor manera de verse relegado.

Es una relación más comprensible que la de la propia historia, que como opción personal puede captar o no el interés del lector, que pueden gustar o no sus elecciones. Una conexión directa donde el mensaje viaja a través del canal emisor-receptor para cuestionarse (trabajo particular, intransferible, inevitable, necesario, recomendable) los caminos tomados. Y no tanto juzgar las elecciones tomadas sino saber si de verdad las hemos tomado o han sido los acontecimientos los que han seleccionado.

Escrito por lectorbajito

3 Febrero 2010 a 0:57

Escrito en literatura

Etiquetado con ,

Desenvolvemento económico e protección do patrimonio. Contradición ou oportunidade?

dejar un comentario »

CONVOCADO O II PREMIO DE ENSAIO BREVE ETSAC
15/10/09

No DÍA MUNDIAL DO URBANISMO co fin de fomentar a investigación en lingua galega en temas relacionados co urbanismo, promover a implicación do alumnado a respecto da nosa lingua no ámbito en que desenvolve as súas actividades e estimular a reflexión da mocidade sobre a situación actual e as perspectivas de futuro neste ámbito, o Servizo de Normalización Lingüística, que depende da Vicerreitoría de Cultura e Comunicación, en colaboración coa Comisión de Normalización Lingüística da Escola Técnica Superior de Arquitectura da Coruña convoca o II PREMIO DE ENSAIO BREVE ETSA A Coruña aberto a calquera persoa matriculada no sitema universitario galego.

Baixo esta convocatoria participei (con magnífico e inesperado resultado posto que recibín un accésit) co seguinte ensaio que, como parece que non vai ser publicado, poño aquí a disposición dos interesados.

OPTIMISMO/PESIMISMO                                                                                                                                                                   opcións

“Toda a condición humana resúmese nesa imaxe: estar fronte ó mundo, téndose a si mesmo as súas costas.” Alessandro Bariccó, “City”

“O egoísmo non ten límites. Para disimulalo os homes inventaron a cortesía. Para regulalo e contelo, instituiron o Estado.” Arthur Schopenhauer, “As dores do mundo”

Como enfrontarse a un debate de tal calibre coma este?. O pesimismo ou o optimismo nas propias posibilidades da especie humana, a sociedade no seu conxunto é a responsable de ter chegado a este punto. Se é necesaria unha especial protección de lugares ou obras emblemáticas e porque sempre habería alguén disposto a súa eliminación a costa dun beneficio particular. O pesimismo sobre esas intencións é inevitable.

A dúbida sobre a compatibilidade entre beneficio material puro e beneficio cultural puro vai na mesma liña. A redución das opcións contempladas á confrontación ou unión de desenvolvemento económico e protección do patrimonio como os dous únicos camiños, xa sexan converxente ou diverxentemente, nace xa limitando as posibilidades do diálogo en torno á viabilidade do urbanismo e o desenvolvemento da arquitectura. As opcións maioritarias e predominantes acaban convertidas nas únicas opcións, consecuencia paradóxica da chamada sociedade da información. Ésta, dominada polos estímulos visuais, acaba potenciando o que se ve por encima do que se precisa, a cultura do inmediato.

As novas tecnoloxías, a pesar da universalización e a democratización do acceso á cultura, van a favor desa diferenza. Un exemplo moi simple e directo sería o sistema de busca a través de internet. O servidor vai ofrecer como primeiras opcións as máis visitadas, a tendencia vai ser sempre a aumentar esas diferenzas e os buscadores demostrámonos pouco ambiciosos conformándonos con eses resultados. A conclusión é lóxica, o que se valora non é a calidade da solución senón a facilidade para a súa obtención.Idéntico resultado o aplicado da polarización do debate entre desenvolvemento económico e protección do patrimonio, porque ata agora foron dous apartados tanxenciais pero non realmente mesturados. É posible a integración dos elementos propios da cultura, xa sexan naturais ou culturais, nos apartados de arquitectura máis directamente relacionados cos beneficios económicos ou iso suporía a súa extinción a favor dunha maior ganancia? As persoas responsables da construción (a propia sociedade a través de dirixentes, construtores, arquitectos ou calquera profesional afectado) poderán compaxinar o ben común fronte o inmediato ben particular? A resposta da sociedade dispón dun punto crítico, pero dende un punto de vista destrutivo.

A sociedade non parece esixir novos modelos de utilización dos espazos públicos, de construción da cidade ou de intervención máis aló mentres non se vexa afectado o seu nivel de vida actual, o conformismo xurde dos propios usuarios. Provoca, consecuentemente, a repetición dos errores por acumulación, o que se ve acaba convertido na única realidade existente. A solución neste punto resulta complexa posto que obriga os traballadores do ámbito a esforzos totalmente persoais se quere ver modificadas as cousas.

O conxunto da poboación parece conforme co dito “máis vale malo coñecido que bo por coñecer”. Pedirlle a calquera que exerza de rato de laboratorio tampouco parece moi asumible por ninguén pero non facer nada só provoca que nada se faga. Convén recordar que a evolución non se detén e o inmovilismo non mantén a posición senón que trae consigo un retraso.

A realidade da profesión arquitectónica

Pódese recriminar ós profesionais da arquitectura o desenlace de todos estes acontecementos, neste momento cabe recordar esa dualidade tan característica, e case podería falarse de exclusiva, da arquitectura. A súa dobre vertente técnico – creativa. Un arquitecto que traballa producindo edificios, que funcionan máis ou menos ben, segundo pautas e procedementos inamovibles está facendo pola arquitectura ou no seu propio beneficio? Debe esixírselle, el mesmo como primeiro crítico, unha reflexión sobre o que está a facer e o que está a transmitir ou mentres sirva tiramos para adiante? Onde reside a dignidade do profesional? Este, volvendo a confiar na condición humana, acaba producindo obxectos o mellor que sabe pero, e iso suficiente?

A profesión de arquitecto está lonxe de esa imaxe idealizada de artista creador, case a modo de mago que toda a sociedade reverenciaba. Hoxe en día acostuma a ter un número limitado de opcións. Pode traballar, pola súa conta ou directamente contratado, na roda da construción de vivenda privada co promotor ou construtor de turno e producir buscando o máximo beneficio para quen lle paga (que non soe ser o ocupante desas obras).

Ocasionalmente participará nun concurso público e aquí xorden algúns problemas curiosos. Este parece o momento da carreira do arquitecto onde máis liberdade podería atopar para expresarse e propor novos espazos, novos modos de ocupar ou habitar diferentes lugares, modificacións de erros de planificación, cubrir necesidades básicas  (e isto convén mantelo sempre moi presente) dos destinatarios finais de toda a produción arquitectónica, os cidadáns. O escenario parece propicio para a experimentación e a investigación pero chegados a este punto hai que parar e cuestionar, aproveitan os arquitectos esta oportunidade? A administración, cliente habitual de este tipo de certames, está disposta a exercer o papel de mecenas de ese posible novo avance? A resposta a ambas, desgraciadamente, é negativa.

Como reflexión acerca dos devanditos concursos un tema capital, cal é a motivación dos propios profesionais para tentalo?. A resposta suxire catro opcións, a mellora da propia posición (relacionado co éxito profesional non só no apartado económico senón tamén no non pouco importante do prestixio), a tan famosa crise que obrigou a bastantes arquitectos a xirar os seus ollos cara a administración como cliente ante a falta de iniciativa privada, a realización de proxectos a modo de hobby ou ocupación pasaxeira no medio da vida laboral de cada un e, por último, o teórico que busca plasmación práctica das súas ideas. Ante este panorama, é pouco probable que os resultados vaian moito máis aló e todo remata, volvendo sobre a cita inicial de Bariccó, cunha fuxida cara diante que produce desaproveita as posibilidades que van xurdindo no mundo da arquitectura porque á fin, e as cousas acaban sendo así dende que o mundo é mundo, as persoas acaban por coidar o ben común cando o seu ben particular esta garantido ata o punto que cada un considera satisfactorio.

Os novos profesionais, entendidos como aqueles que se adaptan as condicións específicas da actualidade, deben cuestionar este modo común de exercer a profesión e recuperar un posto que lles permita volver a ser, como colectivo, a voz directora nos procesos de decisión sobre os espazos arquitectónicos máis aló do artefacto. A situación é delicada, os que adquiriron unha posición que lles permite realizar os seus proxectos (neste campo estarían incluídos os profesionais liberais, os relacionados coa educación superior ou os relacionados coa administración), con obxectivos tan variados como persoas hai envoltas, tentar manter o seu status e os que buscan ese obxectivo non queren realmente cuestionar o modelo senón acceder a postos máis altos.

As administracións como motor e control

“… tan ou máis importante como a esixencia legal e o convencemento de que este xeito de proceder é oportuno, conveniente e, mesmo, imprescindible se o que se procura é un plan que corrixa seculares rumbos de esmorecemento e decadencia por outros que supoñan desenvolvemento e recuperación.” Extracto da memoria do PEPRI do Casco Vello de Vigo

As intervencións por parte de administración en calquera ámbito, político, económico, social, o que sexa, teñen unha dificultade intrínseca. Van a ser actuacións que condicionarán tódolos movementos que traen consigo. Os obxectivos e as intencións dos propios impulsores das leis poden ser os mellores, non hai motivo para dubidar diso máis aló da desconfianza de cada un na especie humana. Pero a mensaxe que se transmite, aí radica o primeiro punto de fricción.

Para levar a cabo estes plans hai que partir dun esquema previo onde as prioridades e os camiños deben quedar ben expostos. E non é común ver esta dirección posto que as leis, na maioría dos casos, e con máis gravidade no caso da arquitectura, acostuman a ser coercitivas e de mínimos. É necesario que os organismos competentes vixíen e protexan o legado cultural e natural dos axentes sociais, máis preocupados do seu propio e instantáneo beneficio, pero é igual de necesario que se coiden tamén as propostas que fagan a este momento histórico desenrolarse como o fixeron os anteriores.

Resulta un avance incuestionable, sen embargo, o recoñecemento xurídico de bens de interese cultural ou paisaxístico xa que permite a limitación do radio de acción dos axentes destrutivos. Isto non quere dicir que a inclusión dos elementos propios do patrimonio na ecuación para o desenrolo das actividades sexa imposible senón que é primordial, porque o perigo de que rematen convertidos en pezas museísticas sen máis obxectivo que o reclamo turístico.

Un concepto moi de moda nos últimos tempos consegue unha importancia relevante no proceso arquitectónico e que serviría para ampliar as opcións deste debate proposto. A mulitidisciplinariedade. O problema e que está sendo tratada dende un punto oclusivo. Multidisciplinariedade non quere dicir que nunha soa persoa se concentren todos os saberes, nunha especie de home do Renacemento, acaparador de toda a cultura e capaz de ter en conta os diferentes aspectos. Quere dicir que persoas especializadas en temáticas moi variadas, pero coa sensibilidade suficiente para comprender a importancia de outros apartados, traballen xuntos e colaboren para a realización de proxectos máis ambiciosos. E non so se refire a colaboración entre un arquitecto cun sociólogo  ou un arqueólogo ou un historiador ou un enxeñeiro, senón entre diferentes equipos dentro dos mesmos campos pero interesados en outras posicións ou que investigan outras solucións ou, simplemente, teñen outro punto de vista. Ë difícil de asumir para o ego que todos temos, que nos considera capaces das maiores proezas pero que acaba limitando o discurso.

E a mesma incapacidade que provoca a escasa participación cidadá nas propostas e tomas de decisión nas decisións que afectan directamente o seu entorno. Neste sentido as intención son máis ben escasas pero pequenas intencións como o, en curso, proxecto de A cidade dos barrios, están destinadas á sensibilización da poboación sobre o feito de que o que se constrúe ou que se decide afecta as súas vidas. Porque mentres que non se vexa afectado o seu, o común dos cidadáns carece do interese para enterarse do que vai a suceder e todo será para el política de feitos consumados. Unha vez chegados a ese punto adaptarase a nova situación e seguirá adiante.

Neste punto convén facer outro alto. Ata que punto a sociedade precisa de alguén (administración, arquitectos ou quen sexa) que lle oriente sobre modos de ocupar o espazo público, de vivir ou de utilizar lugares de ocio? Son as relacións persoais tidas en conta á hora de realizar estes proxectos? Propóñense cambios deste tipo ou búscase a acumulación de vivendas e equipamentos arredor dos elementos do patrimonio? A sociedade utiliza os artefactos construídos a pesares da calidade de estes?

A arquitectura como arte útil ten esa dobre vertente que a universaliza pero que autoriza os usuarios a opinar sobre ela, non coma un xuízo a posteriori sobre a súa valía, o que sería o caso de calquera pintura ou fotografía por exemplo, senón tamén a priori. E, para aumentar a complicación, está constituída por elementos que, segundo a duración relativa da vida dos homes fronte a das intervencións, case imperecedeiros.

Por tanto, a responsabilidade é totalmente compartida entre administración, profesionais do gremio e a sociedade en xeral. A ampliación do debate debe ir na liña de eliminar a polarización entre economía e cultura coma inimigos íntimos. Existen outros factores de tipo social que deben ser tidos en conta pero está claro que o coidado desas realidades socioculturais non debe quedar, únicamente, nas mans de dirixentes ou funcionarios que exerzan de policía da arquitectura. O conxunto da poboación debe demostrar o seu interese no tema e participar activamente.  A consecuencia de non limitar esa polarización son, e isto acaba sendo ten inevitable como evidente, a elitización dos elementos do patrimonio, convertidos en catálogo, e a falta de identidade dos espazos suburbiales, campo libre fora do lugar de protección.

Neste sentido, non é unha política de intervencionismo o límite para o coidado do “bo gusto” ou as “boas formas” senón a introdución de mecanismos de reutilización dos lugares xa construídos, a una reflexión sobre a s necesidades reais en entornos urbanos ou non urbanos, tanto ten, e non a plans ambiciosos sostidos máis por intereses económicos ou publicitarios.

A cidade de A Coruña sería un caso paradigmático deste desenrolo apoiado sobre una protección do patrimonio entendido como elementos intocables, case pezas de museo e un desenvolvemento económico baseado nun todo para xa insostible a largo prazo. Ninguén pode crer na necesidade das superficies comerciais que ten (máis as que están a chegar) que levarán o abandono dalgunha delas como vestixio dun ben instantáneo para alguén pero non nunha planificación a largo prazo. Unha exemplificación da negociación entre os axentes públicos e a promoción privada, a permisividade para a realización de obras sen un plan maior que as conteña.

Ë curiosa a posición neste aspecto dos profesionais arquitectos, calquera pode entender que a maioría dos profesionais (probablemente incluídos os que realizaron os proxectos deses espazos) están en desacordo con esas grandes construcións, non so dende o punto de vista do obxecto arquitectónico senón tamén dende o punto de vista social. Pero, a alguén lle importou a súa opinión, foron consultados. Todo isto, co agravante de que resulta imprescindible a firma dun profesional para a realización do proxecto e unha licitación a cargo de diferentes entes públicos onde este tipo de profesionais acostuman traballar. O seu papel acaba sendo meramente técnico, perdendo unha parte de feito arquitectónico no proceso. Ou non? Pode ser que o intento vaia destinado é eliminación de esa condicionante humana da arquitectura, os espazos comerciais están totalmente deseñados para o fomento do gasto. Pode ser que calquera outra posición teña un carácter utópico que nada ten que ver coas realidades sociais, que as persoas teñan suficiente con isto e non pidan máis porque, sinxelamente, non queren nin esperan máis.

O tono é claramente pesimista, nunha época na que nos diferentes apartados da cultura representan paisaxes, feitos, actuacións, situacións, comportamentos, de corte certamente apocalíptico. A desconfianza calou en todos os ámbitos. Ninguén espera nada de ninguén. A oportunidade é manifesta, calquera intento será ben recibido.

Escrito por lectorbajito

28 Diciembre 2009 a 13:27

Escrito en arquitectura

Etiquetado con , ,

El Gimnasio Maravillas de Alejandro de la Sota o yo también puedo

dejar un comentario »

P.179 del libro “El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre” de Juanjo Sáez. Reservoir books, 2006.

“Este edificio del año 62, nació a su aire. Preocupados con los problemas urbanos, aprovechamiento del mal solar, económicos, no dio margen para preocuparse por una arquitectura determinada: por eso carece de cualquiera de ellas. Tal vez sea la otra; tal vez. Explicarlo llevaría a la polémica de: Arquitectura sí, Arquitectura no. Situado el volumen del gimnasio propiamente dicho en la cota justa, se añaden por el arquitecto al programa el sótano, las clases (cubierta del gimnasio) y la terraza (patio de juegos) en la cota del Colegio.” Alejandro de la Sota explicando su proyecto.

Enfrentarse con naturalidad a una cuestión, analizar la petición, las posibilidades, los problemas que se derivan y las soluciones que se podrían ofrecer. Te planteas el proyecto y comienzas a trabajar. Hay una verdad indiscutible, las cosas solo se hacen haciéndolas, esto es una evidente perogrullada pero las excusas y justificaciones para elegir caminos más cómodos o, simplemente, para escurrir el bulto son también demasiado habituales.

Cuando ves la lógica de un planteamiento plasmado en el papel y convertido en realidad, todo parece posible. Se ve y no hay nada increíble, nada fuera del alcance de alguien razonable e inteligente. ¿Esta esto al alcance de todos? Pues no, pero está más cerca de lo que parece viendo cómo se comporta el común de los mortales. Y el ejemplo que nos ocupa se mueve en la misma dirección. Para realizar un trabajo la honestidad intelectual es lo primero, y a este respecto la novela “City” de Alessandro Bariccó tiene mucho que decir y será comentada en sucesivas fechas en esta página, y la búsqueda de mejorar la cotidianeidad de los ciudadanos es un objetivo de lo más loable dentro del campo de la arquitectura.

Un colegio necesita un pabellón polideportivo. Nada raro. Hay unos condicionantes topográficos muy fuertes, un desnivel importante que pasa de problema a oportunidad, y un colegio en un entorno urbano sin mucho espacio para el patio de juegos. Además, no dispone de ciertos espacios que, sin ser imprescindibles, mejorarán al conjunto. Todo esto lo ofrece como solución Alejandro de la Sota a la petición de un espacio deportivo clásico.

¿Y la solución cómo es? Pues tan simple a posteriori que parece raro que no fuese la opción a priori. Ahí reside la grandeza del proyecto.

Escrito por lectorbajito

19 Noviembre 2009 a 16:27

Escrito en arquitectura

Etiquetado con , ,

“La carretera” de Cormac McCarthy

con 2 comentarios

Un padre y un hijo viajando por una carretera en un mundo del que nada se sabe más que su desoladora situación. Devastación, ceniza y esa carretera a la que se agarran con su carrito de supermercado buscando la benevolencia climatológica del sur, un sur del que ni siquiera saben si seguirá allí cuando lleguen.

1

“Sin listas de cosas que hacer. El día providencia de sí mismo. La hora. No hay después. El después es esto. Todas las cosas bellas y armónicas que uno conserva en su corazón tienen una procedencia común en el dolor. El hecho de nacer en la aflicción y la ceniza. Bueno, susurró para el chico que dormía. Yo te tengo a ti.”

El mundo ha quedado reducido para estos dos seres humanos a una búsqueda del alimento y del fuego. En su exiguo carrito mantas, una lona, un hornillo y los víveres que se van encontrando por los restos de una civilización que ha terminado. El padre refleja la supervivencia del que lo ha perdido todo menos la vida y el hijo, que desconoce esa realidad previa, basa sus reacciones y juicios en el instinto y la intuición más que en convenciones sociales desparecidas y que su padre intenta mantener como un último reducto de coherencia.

Curiosamente el hijo resulta más humano (o humanitario) con un concepto de la justicia y una diferenciación entre bien y mal pura, no condicionada. Su interpretación tiene como única base las indicaciones del padre, esforzado en mantener al pequeño no más en contacto con la realidad de lo necesario. El niño recoge esos datos y los confronta con la realidad que se le presenta, acaba convirtiéndose en el más racional y analítico de todos los supervivientes.

“Si no cumples una promesa pequeña tampoco cumplirás una grande. Es lo que tú me dijiste.”

La crudeza de la situación se presenta sin extensas descripciones ni explicaciones, el penoso día a día es suficiente para que la impresión quede marcada en el lector. Un movimiento constante en medio de una búsqueda no muy prometedora, el refugio diario improvisado, el fuego imprescindible y el estar alerta siempre. Cualquier peligro puede romper el precario equilibrio sobre el que se asientan sus vidas.

“Creo que ahí dentro puede haber cosas y es preciso echar una ojeada. No tenemos otro sitio adonde ir. Eso es todo. Quiero que me ayudes. Si no quieres sostener la lámpara tendrás que coger la pistola.
Prefiero la lámpara.
De acuerdo. Esto es lo que hacen los buenos. Seguir intentándolo. Jamás se rinden.
Vale.”

Una catástrofe ha asolado el mundo, las interpretaciones son la única solución porque nada es explicado. Algún fogonazo de pasado, la madre que ya no está y que tampoco se sabe muy bien por qué, está muerta, ha abandonado a su familia, solo queda el recuerdo de cómo se enfrentaron a un desastre inevitable. El hombre sigue adelante solo para mantener a su hijo en el mundo, es la única circunstancia que se interpone entre él y una bala liberadora.

McCarthy podría haber optado por dar toda clase de datos para explicarnos como ha hecho la humanidad para destruir todo a su alrededor, causas y procesos de ese destino que les deparan sus propios actos o la catástrofe natural que se llevó por delante a la especie dominante como antes había hecho con otras. Sin embargo, se opta por mostrar directamente las consecuencias de la devastación y como es la “vida” de los que han sobrevivido. Las suposiciones quedan para cada uno.

A través de la interacción con otros humanos, los pocos que quedan, se sirve el autor para desarrollar temas que acompañan a la pareja en su viaje, el bien y el mal entendidos como aquellos que mantienen una cierta humanidad incluso en las peores circunstancias frente a los que se han sucumbido definitivamente a sus instintos en beneficio de su vida. Nociones de justicia ejemplificadas en la compasión natural que experimenta el chico frente al ojo por ojo que aplica el padre.

“Se levantaron y guardaron las tazas y el resto de las galletas. El hombre apiló las mantas en lo alto del carrito y aseguró la lona y luego miró al chico. ¿Qué? Dijo el chico.
Sé que pensabas que nos íbamos a morir.
Ya.
Pero no ha sido así.
No.
Vale.”

Los lacónicos diálogos entre padre e hijo son de una belleza y una fuerza arrolladora. Una búsqueda desesperada de un motivo para seguir queriendo vivir, uno por el otro, son los únicos asideros que tienen y ese deseo de estar ahí para el otro es el sentimiento más importante de los presentados en el libro.

Su destino es de todos modos inevitable, son dos contra un mundo que malamente les ofrece un respiro (casas sin devastar con víveres a modo de oasis en el desierto) y sus posibilidades son remotas. Pensar lo contrario es aferrarse a una esperanza que no existe. El padre enfermo y tirando de reservas para seguir adelante, un niño en fase de crecimiento totalmente desvalido sin su progenitor. Las condiciones de supervivencia son insostenibles.

Ese destino del viaje no es el paraíso que esperaban porque en realidad su viaje no acabará hasta que cedan a la muerte, y aquí McCarthy hace una concesión a la ilusión, la fe en lo que nos depara la vida, la esperanza, la confianza el fin y al cabo en que por muy mal que estén las cosas la humanidad se impondrá. Deja un regusto final que no está a la altura de lo ofrecido hasta el momento.

De la adaptación cinematográfica, de próxima aparición y que será comentada en su momento, parece que se ha intentado “explicar más” la situación, potenciar los momentos de acción y resaltar el papel de la madre.

Escrito por lectorbajito

28 Octubre 2009 a 14:31

Escrito en literatura

Etiquetado con ,

“El método”

dejar un comentario »

Un resultado decepcionante, o simplemente insulso, no significa necesariamente que no se puedan sacar conclusiones provechosas o trascendentes al respecto de cualquier película u obra en general. El método, película de Marcelo Piñeyro, podría responder a este grupo. Es una adaptación de una obra teatral catalana de cierto éxito titulada El método Gronholm de Jordi Galcerán y está sostenida por la sólida actuación de figuras reconocidas del cine español como Eduard Fernández, Carmelo Gómez, Adriana Ozores, Najwa Nimri o Eduardo Noriega.

El planteamiento se basa en un proceso de selección de personal en el mundo empresarial llamado “el método Gronholm” donde los aspirantes son sometidos a diferentes pruebas con el único fin de que los más débiles vayan cayendo eliminados por los propios aspirantes.

En realidad el mundo empresarial es, básicamente, antropomórfico. Un tema ya tratado con anterioridad aquí a través del libro de Corinne Maier Buenos días, pereza pero en este caso desde el punto de vista exclusivo de los aspirantes a infiltrarse en la dirección de esas empresas.

Nosotros mismos funcionamos como una empresa, siempre a la búsqueda de un mayor beneficio. Las diferencias se presentan en los caminos y los medios de los que nos servimos para alcanzar nuestros objetivos. No son objetivos necesariamente materiales sino que puede aplicarse también a diversos temas personales o sociales. No es más que el modo en que nos enfrentamos a la vida.

Cabe matizar que son situaciones donde la supervivencia está garantizada. Es decir, los casos extremos donde la propia persona o los que están a su cargo ven comprometidos los mínimos sociales admitidos las reacciones suelen eliminar de la fórmula ciertos impedimentos morales o particulares que pueden hacer variar los resultados. Estos serían considerados excepciones en el ambiente donde se plantea la cuestión propuesta en el film (y la obra de teatro de la que procede obviamente).

En las situaciones referidas a la vida diaria, en el ámbito personal o profesional, las opiniones o los actos están más directamente condicionados por la propia actitud o el carácter y sirven para analizar y desentrañar la verdadera naturaleza de cada individuo, su escala de valores (no tanto morales o éticos sino más bien personales o afectivos).

Para poder comprender mejor este hecho, y este es el punto fuerte de la película, se puede intentar interpretar el comportamiento de los propios aspirantes. Responden todos ellos a modelos preestablecidos, casi podría decirse prototípicos pero aquí nos centraremos solamente en los tres (que por su papel se presentan más completos) que llegan a la fase final del proceso de selección, Fernando (Eduard Fernández), Nieves (Najwa Nimri) y Carlos (Eduardo Noriega).

Fernando está modelado para resultar despreciable, para ser considerado el malo de la película. Sus modos, directo y agresivo, no están reñidos con una brutal honestidad del que dice lo que piensa y además está convencido de la validez de esos pensamientos. Aún así, es el más consciente del mundo en el que vive. No se detiene en batallas que no son las suyas y busca (y está acostumbrado a conseguir) lo que quiere.

Nieves quiere luchar desde la normalidad para mantener la humanidad. Basa sus decisiones en la racionalidad, no participa en exceso pero su papel es siempre determinante. La relación pretérita con el personaje de Eduardo Noriega va en su contra porque quiere introducir una cierta debilidad por la nostalgia de un pasado (o un futuro alternativo) menos “ambicioso” empresarialmente.

Carlos represente el manierismo del triunfador, quiere vencer a cualquier precio y en todos los ámbitos pero sin mancharse las manos. A costa de quien sea y como sea. De ahí que luche encarnizadamente (ejemplificado en su batalla de supervivencia con Adriana Ozores) pero busque el modo de salir bien parado y sin daños para continuar en la próxima batalla.

El proceso de selección

Refleja las propias relaciones entre ellos proyectadas sobre el proceso de selección. Palabras e historias son contadas, pasados ocultados, balones fuera para salvar el cuello, aprovechamiento de las debilidades para derrotar al rival que consideramos menor.

Ante esto, diferentes posiciones, lucha sin cuartel siempre que el derrotado sea otro, mantenimiento de las formas de cara a la galería, pasividad entendida como quietud basada en la creencia (seguramente falsa) de que los méritos y las virtudes se imponen por sí solos o mecanismos de defensa para tapar los propios defectos o complejos.

Con un planteamiento tan poderoso la película se pierde en diálogos excesivos que alcanzan la sensación contraria y acaban resultando moralizantes sobre una figura idealizada de los personajes que nada tiene que ver con la realidad que se presenta. Una realidad a la que se quiere anclar a través de esa manifestación antiglobalización que nunca vemos desde la habitación donde se desarrolla la acción pero que escuchamos puntualmente y que ofrece un contraste demasiado gráfico entre el capitalismo exacerbado y la realidad social.

Escrito por lectorbajito

22 Octubre 2009 a 16:04

Alejandro Larrañaga en suite101.net

con un comentario

La casa Gugalun de Peter Zumthor

gugalunexterieur

Repaso a una vivienda en la que se conjuntan una tipología edificatoria característica de zonas de alta montaña, la rehabilitación de una antigua alquería y unos clientes ideales para cualquier arquitecto.

Edificio de Oficinas Novartis, SANAA

PRO2_NOV_01

Imagen corporativa, posibilidades de enfrentarse al problema. Aquí las relaciones entre los que utilizan el artefacto y los que lo ven es muy directa. Se crea relación limitando las barreras visuales.

Los puentes de Madison County

bridges-over-madison_lEl cambio de lenguaje de la novela de Robert James Waller a la película de Clint Eastwood. Diferencias de enfoque frente a la relación amorosa de los protagonistas y diferentes maneras de contar una historia que es la misma.

Una fiel adaptación pero contada al modo de Clint Eastwood donde otros temas como la familia o las relaciones sociales adquieren un protagonismo mayor. Un retrato completa de la América profunda en medio de una historia de amor desgarradora, de sueños, de ilusiones, pero también de responsabilidad.

Bruce Willis y “La Jungla de Cristal”

3-7-4Un clásico del cine de acción desde el mismo momento de su estreno. Una película que lanzó la carrera de un actor a un estrellato que no ha abandonado desde entonces y que lo ha convertido en un imprescindible.

Todo ello después de saber que fue elegido como último recurso debido a que los principales actores del género recahzaron participar en la película.

Hoy en día, nadie entiende a John McLane sin Bruce Willis y viceversa.

Los paradigmáticos Billy Wilder y Orson Welles

La vigencia de los clásicos. Temáticas, enfoques y toda una retahila de referencias e influencias futuras. Vigencia vista desde dos obras puntuales, “El crepúsculo de los dioses” de WIlder y “El cuarto mandamiento” de Welles.

crepusculo

Escrito por lectorbajito

28 Septiembre 2009 a 19:09

Escrito en arquitectura, cine, colaboraciones

Etiquetado con

“Yo maté a Adolf Hitler” Jason, 2007.

dejar un comentario »

“Siempre pensé que la ficción más fantasiosa se entiende mejor cuando viene acompañada del realismo. El imprimir el máximo realismo posible a aquellos elementos de la historia, sea ambientación o de motivación de personajes o de cualquier aspecto de la trama que quieras contar, ayuda a que cuando la fantasía entre en escena esté inmersa en un entorno previamente creíble y, por lo tanto, aceptable para el espectador”
James Cameron hablando sobre Terminator 2 en declaraciones aparecidas en la revista Scifiword, p.50.

yomateaadolfhitler
Si de algo puede calificarse a esta historia de Jason es la naturalidad. Y eso que el planteamiento es, ciertamente, bastante inverosímil.
Ambientada en un presente donde el asesino a sueldo es una profesión tan natural y normal como carnicero o electricista, el protagonista pasa su vida matando por encargo pero desde la apatía de un trabajo rutinario. Se ocupa de sus tareas como un fontanero cualquiera y no quiere escuchar las motivaciones (vestigio de la culpa por encima del egoísmo) de sus clientes. Tiene  problemas con su pareja, es una persona como otra cualquiera con un trabajo como otro cualquiera.
Siguiendo la cita con la que arranca este post, la realidad propuesta es consistente, coherente y veraz por más increíble que pueda parecer. Y se le presenta una oferta irrechazable. Una fortuna por matar a Adolf Hitler, el cliente-científico ha construido una máquina del tiempo y quiere que el asesino a sueldo viaje al tercer Reich a matar al dictador.
A partir de ahí todo fluye, sin estridencias, viajes en el tiempo, asesinatos y un futuro que debiera ser diferente. Es aquí donde se plantea una de las cuestiones más interesantes, el futuro sería distinto sin la IIª Guerra Mundial o la naturaleza humana es como es y echarle la culpa a ciertos actos o acontecimientos no es más que echar balones fuera.
Personajes antropomórficos típicos del autor y un trazo claro y limpio, casi minimalista. Donde expresiones, gestos y acciones son el vehículo para trasladar la acción. Un ejercicio que parece muy directo pero que exige una fuerte capacidad de síntesis. Una gran historia que surge dese la normalidad y la tranquilidad, sin sobresaltos.

Escrito por lectorbajito

16 Septiembre 2009 a 14:45

Escrito en literatura

Etiquetado con ,

“Ocho maneras sencillas de destruir la soledad” relato de Pedro Larrañaga

dejar un comentario »

Nada más cerrar la puerta, ya estaba ahí.
Sentada, en su sillón preferido, el suyo, el de usted. Hojeando, con desgana, su libro preferido, el suyo, el de usted. Aún se preguntaba cómo podía haber sucedido, por qué él, o ella, se habían ido, y ya estaba ahí.
Llegó sin avisar, sigilosa, por las escaleras, para quedarse a vivir. Sí, es cierto, nadie la invitó a pasar, a cenar en su mesa, a quedarse de pie a su lado mientras se baña, revolverle las sábanas o sentarse con usted en la cocina, pero ya está aquí.
Eso es lo que tiene la soledad.
No respeta sus decisiones, ni le importa si usted quiera que se vaya. Es una chica caprichosa (y algo cruel, para qué negarlo), que sólo sigue sus propias reglas. Adopta formas distintas y variadas, pero se le conocen costumbres repetidas en muchos de los casos:

-    Contar historias pasadas, habitualmente tristes, que usted no quiere recordar.
-    Esconder objetos cotidianos, para aumentar su sensación de pérdida.
-    Remover el polvo acumulado, con lo que se le mete en los ojos y ya no puede evitar las lágrimas.
-    En la cama suele hacer difícil conciliar el sueño, así las noches se hacen más largas y el cansancio se apodera de nuestra vida diaria.

Y como esas, muchas más. Estas son sólo algunas de sus conductas, identificadas por los más prestigiosos investigadores de las más prestigiosas universidades, tras analizar a una muestra suficientemente representativa de sujetos. Pero todos sabemos que hay más.

Muchas más.

De todos modos, tranquilidad, no caiga en la desesperación. Ahora, en este preciso momento, nos complacemos en poner a su alcance un método, casi infalible, para acabar, de una vez por todas, con ella. No, no, no lo dude, no es el momento de tener piedad.

¿Acaso ella la tiene cuándo le habla de sus lejanos paseos por la playa? No, que va, no la tiene.
¿O cuándo le hace sentir tan pequeño/a frente al televisor, atiborrándose de chocolate? No, de eso nada, no la tiene.
¿O, quizás, cuándo le pide que se quede en la cama, sin hacer nada, porque ya nada hay que hacer? No, jamás, no la tiene, no tiene la más mínima piedad.

Es por eso que no debe vacilar. Es ahora o nunca. Aquí tiene las ocho maneras más sencillas de destruir su soledad. De una vez y para siempre. O al menos hasta la próxima ocasión.

(Antes de comenzar, por favor, lea atentamente las advertencias al final de este prospecto)

1. Es la hora del cine, de ver una película. Acción, aventuras, nacional o extranjero, da igual, lo importante es salir.

Sí, probablemente se encuentra usted un poco desconectado/a de la actualidad cinematográfica, pero no se preocupe, eso no es lo importante.
No se trata de empaparse de obras maestras de la gran pantalla (normalmente son largas y aburridas), o de posicionarse a favor del cine español (eso lo dejamos para los ministros de turno), ni siquiera estamos hablando de distinguir a los buenos de los malos (lo importante, al fin y al cabo, es si están buenos). Hablamos de ir al cine. Lo importantes es ir, a qué ya es secundario.
Seguro que recuerda dónde queda el cine más próximo a su domicilio. Pues no tiene más que acercarse, comprar una entrada, coger palomitas y dejarse rodear. Por familias enteras, por grupos, parejas, amigos, matrimonios, peñas o defensores de los derechos humanos. Rodeado, rodeado por todos.
El método es sencillo. Mientras compra la entrada, acérquese mucho a los que están delante de usted y escuche sus conversaciones. Ríase si hacen bromas o niegue con la cabeza si hablan de problemas o inconvenientes. Hay que recuperar la costumbre de escuchar a los demás. Ya sabe que uno de los mayores problemas del mundo es la falta de comunicación, la gente ya no se para a escuchar. Pero usted sí.
Después, en la sala, sentirá la compañía de cientos de personas. Personas que reirán, se divertirán o se emocionarán con usted. Y así conseguirá lo que está buscando: compartir con alguien esa hora y media o dos horas que dura la película. Un gran comienzo, ¿no le parece?
Nota: Hay informes de actuaciones parecidas en el mundo de la música. Ir a un concierto lleno de gente puede ser una experiencia muy interesante. Personas saltando y cantando en continuo contacto. Además, suele haber alcohol, lo que favorece la comunicación espontánea. De todos modos, se recomienda informarse bien del grupo musical, hay muchos artistas que disfrutan del rollo “genio sufridor” y pueden resultar contraproducentes para sus objetivos.

2. El deporte es vida, en especial el fútbol.

No, no se asuste, no hablamos de comprar unos pantalones cortos o sudar corriendo sin aire detrás de un balón. El llamado deporte rey ofrece otras alternativas más provechosas para sus necesidades (y mucho menos cansadas).
Hágase socio del club de fútbol de su ciudad y acuda cada domingo al estadio. Cómprese su bufanda y su bolsa de pipas, y ya estará listo para formar parte de esa marea que apoya incondicionalmente al equipo de sus amores. No hay mejor lugar para liberar tensiones en comunidad que un estadio de fútbol. Olvídese de las aburridas terapias, saltar y gritar con otras veinte mil personas cuando su equipo consigue marcar un gol, será un momento inolvidable. Silbar, chillar, aplaudir, toda una completa  gimnasia comunitaria. Además, los lazos que se forman con los vecinos de butaca son para toda la vida, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte o el descenso los separe.
¿Qué en su ciudad no hay equipo de fútbol? No se preocupe. Apenas a un par de metros de su portal, hay un bar en el que ver los partidos por televisión. Liga, copa, champions, mundial y torneos de verano. Casi no habrá día en el que no pueda bajarse a pasar dos horas rodeado/a de sus compañeros.
Para esta segunda alternativa, se recomienda aficionarse a la cerveza. Un forofo del fútbol sin cerveza no es lo mismo. Además, también es muy útil hojear cada día el Marca para tener suficientes tópicos que repetir durante la retransmisión deportiva.
El fútbol es muy recomendable en estos casos porque posee una figura de gran valor terapéutico: el árbitro. Este es un personaje diseñado para proyectar en él todas nuestras frustraciones e insultarle como si fuera el mayor villano de la historia y responsable de todas nuestras desgracias. Es muy relajante llamarle de todo a alguien en medio de la aprobación de los que nos rodean.

3. Su nuevo mejor amigo: una mascota.

Un perro, un gato, un conejo, da igual, en lo esencial no hay grandes diferencias. Sus necesidades básicas no cambian demasiado de unas a otras. Hay que darles de comer, limpiar sus cacas y dejar que se duerman sobre sus piernas. Cosas sencillas.
Esta es una de las formas más tradicionales, lo sabemos, pero, a veces, funciona. Sobre todo si usted disfruta hablando sin esperar una respuesta. Su mascota estará ahí para recibir sus caricias y sus reproches, para atender a sus historias y anécdotas, para soportar sus enfados y sus berrinches. Y todo ello sin una sola palabra en contra. ¡A que es increíble!
Para su mascota usted siempre será el centro del universo. No habrá amigos/as que interfieran en la relación. Su familia tampoco será un problema, es difícil que su mascota tenga claro quien es su madre o su padre. Son cariñosos y sólo piden comida a cambio.
Es cierto que no se puede esperar mucho de ellas en términos de compartir gustos o aficiones, pero es innegable que resulta un buen comienzo para expresar nuestras emociones. Con ellas siempre tendremos un oído atento a nuestro lado. No se deje engañar por su expresión de aburrimiento, tienen un gran mundo interior.

4. Cultive su imaginación.

La imaginación es una de las herramientas más poderosas del ser humano. Sin ella no habría sido posible ninguna de las grandes creaciones de la humanidad. Ni la literatura, la ingeniería, la arquitectura o la pintura, por poner sólo unos ejemplos, habrían alcanzado las grandes cimas que han conquistado, de no tener una mente imaginativa tras ellas.
Ahora es el momento adecuado para que usted le saque partido a su imaginación.
Créese otra vida más allá de la realidad en la que vive. Puede empezar con un pequeño detalle, como inventarse otra profesión u origen, y después continuar con elaboraciones más complejas. Un amigo imaginario o crear un alter ego de nosotros mismos es toda una aventura llena de posibilidades.
¿Siempre había soñado con ser actriz o pintor? Pues a qué está esperando.
¿Una vida de éxito como jugador de pádel? Ahora es posible.
¿O acaso ser el centro de una complicada trama de espías y sicarios? Por supuesto, usted pone los límites.
A medida que avanzamos en la construcción de esta otra vida, se pueden ir añadiendo detalles y nuevos personajes, hasta construir un gran conglomerado de espacios, eventos y aventuras. Se recomienda, también, ir sustituyendo recuerdos, especialmente los desagradables, por anécdotas felices, adornadas a su gusto. Eso sí le hará disfrutar.
De todos modos, tenga en cuenta que mantener todo este mundo imaginario, requiere también de una gran constancia y esfuerzo. Es de vital importancia que tenga esto muy presente antes de comenzar, para evitar posibles frustraciones si todo el castillo de naipes se viene abajo.

5. Nunca es tarde para estudiar una carrera.

En su momento no le interesaban los estudios porque eran muy aburridos. Tal vez comenzó en la universidad, pero lo dejó porque encontró un trabajo en el que le pagaban bien. Quizás sí la terminó, pero hace ya mucho de eso.
Sea cual sea su caso, bórrelo de su mente.
Aquí no estamos hablando de si el sistema universitario funciona o no, eso no es nuestro asunto. Tanto da la calidad del profesorado o los inexplicables créditos de libre elección. Lo importante, en el caso que nos ocupa, es que la universidad es un lugar en el que se juntan, cada día, miles de individuos llenos de ansias de relacionarse. Es todo un mundo de oportunidades.
Pedir o prestar apuntes. Saltarse clases y jugar a las cartas en la cafetería. Los trabajos en grupo. Los compañeros de prácticas. Las fiestas de facultad. Las manifestaciones. Montones de oportunidades en las que compartir horas y horas con otros universitarios.
Evidentemente, esta opción puede ser más arriesgada si usted ya tiene una edad, sobre todo si sus escrúpulos son altos en cuanto a las relaciones intergeneracionales. Sin embargo, antes de descartarla por completo, recuerde que esos miles de universitarios aún tienen una opinión idealizada del sexo, en muchos casos, fruto más de películas o páginas de Internet, que de la propia experiencia. Ya sabe, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas.

6. Viajar es un placer.

No es necesaria una gran inversión, ni empacharse de miles de kilómetros para visitar monumentos que, para qué engañarnos, no le dicen nada.
Muchas veces, nuestros propios lugares de residencia son los que menos conocemos, y ya es hora de cambiar eso. Empiece utilizando el transporte público, el autobús o el metro, el que más le guste. Olvídese de ir solo/a en el coche, escuchando la radio, donde nunca se puede saber cuando van a poner esa triste canción que nos arrancará las lágrimas. De eso nada, mucho mejor el transporte público, dónde va a parar. Y más ecológico y de buen ciudadano.
Sentado junto a un desconocido/a, cualquier primera frase por su parte, servirá para iniciar un interesante diálogo. Es importante conocer a fondo los principales temas de conversación del transporte urbano: el tiempo, la poca amabilidad de los jóvenes para ceder el asiento, cuando era pequeña, éste no pasa por la Plaza de España, y todos los clásicos. Si se ve un poco fuera de lugar al principio, sería mejor aprovechar los primeros viajes para observar y estar atento/a a las costumbres de los demás usuarios. Alterne entre líneas muy concurridas y otras más tranquilas, para poder descubrir sutiles diferencias y estar al corriente de todo. Nunca se tiene demasiada información.
Poco a poco puede ir probando con viajes un poco más largos. Trayectos a poblaciones cercanas con los que estirar más las conversaciones, hablar sobre la familia o el trabajo (mucho mejor si son los imaginarios) o, incluso, afianzar una bonita relación estable hasta que se abra la puerta del autobús.
Nota: es importante conocer bien los horarios, para evitar posibles sorpresas. No hay nada más triste y solitario que esperar por el autobús en una estación de carretera semi abandonada.

7. Compartir es vivir.

Ni se le ocurra. Seguro que ha pensado en la idea de volver a casa de papá y mamá, pero ese sería su mayor error. En serio, fatal.
Sus padres son los mejores del mundo, eso sin duda, pero en estos momentos de fragilidad emocional, el impacto de una vuelta al hogar paterno puede tener consecuencias irreversibles. Ellos quieren lo mejor para nosotros, pero sus preguntas, sus miradas y sus comentarios, son difíciles de controlar. En ocasiones, llegan como una bofetada cuando uno menos se lo espera. Y entonces la caída es inevitable.
Además, ya somos adultos, es hora de afrontar, y resolver, nuestros propios problemas.
Por eso seguiremos una de las felices recomendaciones de nuestros progenitores: compartir es vivir.
Ponga un anuncio y busque alguien con quien vivir en común. Esa habitación o habitaciones que le sobran pueden tener un mejor uso que acumular en su interior cacharros y porquería inservible. Con un compañero, además de tener unos ingresos extras, usted vuelve a recuperar la sensación de control.
Realice entrevistas a los aspirantes, hágale preguntas sobre sus vidas y aficiones, satisfaga su curiosidad, siempre con la excusa de que es necesario saber con quién se va a vivir. Una vez haya tomado su decisión, ya tiene a alguien en su casa con quien iniciar una bonita y duradera vida en común.
Es importante darles un tiempo y no esperar demasiado al principio, para no llevarnos desengaños tampoco. El primer paso ya está dado. Ahora hay más comida que la suya en la nevera, más botes de jabón en la bañera, más ropa sucia para la lavadora. En fin, la dulce compañía.
Después se puede comenzar a compartir el pan de molde, para uno solo es fácil que se caduque, o comprar entre ambos los productos de la casa. Detalles que irán haciendo más sólida la convivencia. De ahí a ver juntos películas o salir un día a tomar unas copas, hay sólo un paso.
Recuerde una cosa importante, su compañero/a de piso no es de su propiedad, de vez en cuando hay que darle su espacio. Sin pasarse, pero que no parezca que nuestra vida gira en torno a ellos/as. Además, no se recomienda aceptar a los que ya tengan pareja, no han resultado muy provechosos en casos anteriormente analizados.

8. Por último, y si nada de lo anterior, ha funcionado, hágale el amor (a su soledad, se entiende).

La soledad no lleva bien el cariño, ni las relaciones de excesiva cercanía. Parece disfrutar más estando ahí, junto a nosotros, pero sin intimar. Por eso, aunque sabemos que puede resultar difícil, dígale que la quiere.
Verá como se asusta.
Acaríciela, despacio, dejando que sienta le yema de sus dedos por su piel. Mírela a los ojos y dígale la verdad. O miéntale, lo fundamental es que se lo diga.
Soledad, te quiero.
Entonces cójala de la mano y llévela a la habitación. Bésela en el cuello, en las orejas y en los hombros. Con toda la ternura de la que usted es capaz. Note cómo se va poniendo nerviosa, pero le deja hacer. Porque la soledad es curiosa. Quiere saber de nosotros, de nuestras maneras, de nuestras capacidades.
Desnúdela, observando cada milímetro de ella como si fuera lo más hermoso del universo. Pase la punta de su lengua por sus espacios más sensibles. Los pies, la cara interior de los muslos, los pechos y las ingles. Seguro que puede ver cómo se encoge bajo su tacto.
Estire cada gesto y, sobre todo, disfrútelo. Si usted lo saborea, lo goza, ella también lo hará. Se dejará ir para que usted entre en su interior. Y una vez dentro ya todo será más fácil.
A la mañana siguiente, cuando despierte y se frote los ojos, podrá ver que se ha ido. A ella, como a todos, también le da pánico la mañana siguiente.
Entonces levántase y prepárese un buen desayuno. Saboréelo porque ese es el primer desayuno de su nueva vida.

Advertencias:
El orden de estas pautas no es único e inalterable para todos los pacientes. En caso de no obtener resultados positivos una vez puestos en práctica todos ellos, se recomienda volver a comenzar, variando los elementos hasta dar con la fórmula apropiada.
Todas las combinaciones posibles de estas ocho pautas dan un total de 40.320 variantes.
Hasta ahora no se conoce a nadie que las haya probado todas sin conseguir resultados positivos. De hecho, no se sabe de ningún paciente que las haya probado todas, por lo que el autor mantiene la fe en la funcionalidad de su método. De todos modos en importante recordar que, como todo el mundo sabe, no hay recetas iguales para todos, y es importante que cada uno encuentre su propio camino.

Escrito por lectorbajito

9 Septiembre 2009 a 22:21

Escrito en literatura

Etiquetado con , ,

“Vértigo” de Alfred Hitchcock, 1958

con un comentario

vertigo900

Alfred Hitchcock es un genio del cine de intriga y suspense, a estas alturas ya nadie podría negarle esa condición. Películas como “Psicosis” o “Con la muerte en los talones” no se pueden calificar con menos que con la categoría de obras maestras. Son obras, además, que han envejecido magníficamente, conservando su vigencia y haciendo disfrutar tanto a nuevas generaciones que se acercan a ellas por primera vez como a aquellos que quieren revivir esos momentos pasados, esos clímax impredecibles y esas tramas que se van desmadejando ante nosotros poco a poco.
“Vértigo” pertenece también, por derecho propio, a ese conjunto de obras imprescindibles del genial director. Asentada sobre un argumento a priori tan banal como los problemas de vértigo del policía John Scottie Ferguson (un magistral James Stewart), que le obligan a abandonar su profesión, se va desarrollando la trama del film.
Es un film que queda definido en tres partes definidas por la propia música, una primera marcada por la melancolía, donde el protagonista ya retirado recibe el encargo de seguir a la mujer de su amigo (una Kim Novak también notable) víctima de una supuesta posesión por parte de una antepasada de su familia. Entre víctima y detective se crea un vínculo que supera los límites de la pasión. El detective, fascinado por la mujer, convierte esu trabajo en una cuestión personal. Se establece además un paralelismo entre la relación de Novak con Stewart y la que este tiene con Barbara Gel Meddes en el papel de Maggie Wood. Todos persiguen la atención del ser amado que se les escurre entre los dedos.
En su segunda parte la desesperación lo impregna todo, la pérdida del ser amado. La búsqueda por recuperar una felicidad que llegó a tocar con las yemas de los dedos, pero que por culpa de su problema con el vértigo lo devuelve a un pasado que creía superado. Esto deja postrado en un estado semicatatónico al policía del que comienza a salir poco a poco cuando cree recuperar al ser amado, una nueva mujer (en realidad la misma con otra identidad) a la que intenta reconvertir en su amada perdida.
Por último, el clímax final de un misterio ya resuelto para nosotros pero no para el protagonista, la música vuelve a dirigirnos hacia el suspense, el miedo y la intriga ante el final inesperado.
Es un film marcado por el vértigo, los planos abandonan en abundancia el punto de vista del observador normal, los personajes se sitúan a diferentes niveles, abundan los picados y los contrapicados. Siempre ronda la sensación de que la altura, o al menos la percepción que tenemos de ella, es un elemento más a tener en cuenta. En un momento en el que los efectos visuales cada vez son más importantes, la vuelta a los clásicos nos recuerda que son las historias las que sustentan a las películas y no los artificios.
James Stewart ofrece otra de sus magníficas actuaciones, es un personaje que aporta esa imagen de desgarbado y desenfadado, que utiliza un tono casi irónico en sus relaciones, tono que se convierte en suplicante (reflejo de esa desesperación) cuando la receptora es su amada, cuando lo que le reclama es que la deje protegerla,que le permita superar sus propios temores evitando su inevitable final.

Escrito por lectorbajito

4 Septiembre 2009 a 12:16

Escrito en cine

Etiquetado con , ,