“27 vestidos” (2008) de Anne Flecher: Yo no creo que el mundo sea así

“Superficial, divertida y estereotipada, “27 vestidos” es una agradablemente previsible comedia romántica” (Joe Leydon: Variety)

La película “27 vestidos” pertenece a lo que se denomina comedia romántica. Está dirigida por Anne Fletcher (también responsable de otras de género similar como “Step Up. Bailando” o “Proposición”) y protagonizada por Katherine Heigl (ex de la serie Anatomía de Grey, que ha dado el salto al cine en películas también del mismo corte como “Lío embarazoso” o “La cruda realidad”) y James Marsden (el Cíclope de “X-Men”) como pareja estelar, con Malin Akerman y Edward Burns, entre otros, como secundarios.

La trama de la película es, a la vez, tan solo y tanto como que el personaje de Heigl ha acudido como dama de honor a 27 bodas de amigas. Además guarda como un tesoro oculto (del que parece avergonzarse, algo así como un pecado del que te avergüenzas pero que es tuyo y al que no quieres renunciar) los 27 trajes que tuvo que llevar (cada cual más estrafalario y que sirven para el lucimiento, cuando ha de probárselos, de la protagonista) a esas celebraciones. Su vicio por los enlaces matrimoniales contrasta con su incapacidad para vivir su propio cuento de hadas con príncipe y final feliz incluido.

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“Carta abierta a ti” en el número 13 de Granite & Rainbow

No me cuesta mucho reconocer que es la primera vez que escribo algo así, y que alguien lo considera lo suficientemente bueno como para que aparezca en una publicación. El número 13 de Granite & Rainbow, que celebra su primer aniversario, está dedicado a sus redactores, con textos inéditos de todos ellos (algunos notables, otros sencillamente excelentes, para todos los gustos y colores). Como se me dio la oportunidad de colaborar ya hace tiempo, pues he intentado aprovechar la oportunidad. Aquí queda mi aportación (también hay una pequeña entrevista e, incluso, una foto) pero os animo a que os acerqueis a la revista, porque siempre se encuentran cosas muy interesantes.

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“Las cuatro identidades de Fiona” de Marta Martín Núñez en L’Atalante (nº 8, julio 2009)

Soy un hombre, nunca he pasado por un exceso de penuria, mi paso por los diversos centros académicos que me tocaron no supusieron experiencias dramáticas, a pesar de ser hijo de padres separados no tuve una infancia infeliz o desgraciada, siempre he contado con el apoyo de familia y amigos y, en definitiva, no he sido víctima de ningún drama más allá de un ligero complejo de inferioridad y una cantidad de manías más o menos razonable que no han derivado en casi ningún tipo de exclusión social. Por tanto, al enfrentarme a un tema que sí supone un problema grave para un conjunto grande de población siempre me planteo la misma cuestión: ¿cómo puede alguien ajeno al tema opinar sobre él? Todo esto sin haber entrado en materia porque, si hay una convicción que tengo (fruto de mi propia incapacidad) es que es imposible, al menos mucho más difícil de lo que muchos afirman, ponerse en el lugar de otro si no se ha vivido una situación similar.

El tema de la discriminación sexual, consecuentemente, está fuera de mi entendimiento. Esto no quiere decir que no comprenda que existe un problema, ni que no haya que actuar, sino que no veo otro origen posible que el miedo o la avaricia en el reparto de poder hace mucho, mucho tiempo y que los beneficiados no tienen (tenemos, sería más correcto) excesivas ganas de corregir la situación porque supondría ceder cuota de algo en casi todo.

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“Cisne negro” de Darren Aronofsky

Los prejuicios son una cosa muy seria. Según el aspecto sobre el que caigan, el tema puede ir a mayores o, si es en lo referido a una película/s de un director determinado, puede acabar por arrinconar a un determinado producto. Cuando yo fui a ver “Cisne negro” comenté el tema con diversos amigos, para juntar un nutrido grupo (que no fue tan nutrido al final) y me encontré con una respuesta que me llevó a pensar como las etiquetas que ponemos a las cosas las condicionan tanto. Mi amigo aducía que no quería ir al cine a ver una de esas “películas de vanguardia”, que no le interesaba y que esperaba una dosis de entretenimiento más puro cuando se decidía a ir al cine. Su respuesta (teniendo en cuenta que mi amigo en cuestión es un ciudadano normal, joven, eso sí, con estudios superiores y un nivel cultural notable en algunos aspectos, con sus inquietudes y sus intereses). Entonces, ¿qué lleva a alguien a vetar una película como “Cisne negro” ya directamente?

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“Dios en persona” de Marc-Antoine Mathieu (Ed. Sinsentido, 2009)

Los humanos hemos conseguido algo que considero muy complicado, convertir los extremos en hábito. Cuando era pequeño, mi padre, cuando se despedía de mí y de mis hermanos siempre lo hacía con una frase que venía a decir más o menos lo siguiente: “Sed regulares, ni buenos ni malos.” Yo la consideraba más una forma de hablar que otra cosa, una forma mínima de originalidad, casi como un ejercicio de psicología inversa, tratar a un niño como un adulto, hacerle ver que tiene elección. No soy consciente de que hubiese objetivos ocultos en sus palabras, pero con el paso del tiempo las he llegado a ver como una rareza.

Es en este aspecto, “Dios en persona” es una obra de total ciencia-ficción. Y no es porque Dios se materialice. Que baje a la Tierra, se quiera apuntar al censo y comience a explotar (económicamente) su nombre e imagen. Creando su logo, como cualquier empresa. Lo más sorprendente es que la gente se lo crea. Llegar a un punto en el que se acepten las pruebas de su existencia. Porque, afrontémoslo, en nuestra sociedad de la información, de la imagen, donde ya parece que lo hemos visto y oído todo (que triste me pone afirmar esto, y que ignorantes somos por creérnoslo) y que todo tiene truco y es producto de la mente de algún creativo.

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La carrera

La visión era demasiado real como para ser falsa. Estaba corriendo a su lado, con la misma equipación y la misma cara de sufrimiento. Reaccionó con entereza y siguió como pudo el ritmo de su “compañero”. La cosa fue bien un rato, al fin y al cabo era igual que él, pero ya comenzaba a vislumbrar la resolución de todo aquello. Encararon la recta final y el sprint cayó sobre él como una losa. Ni lo intentó. ¿Para qué?, se preguntó. Cuando le vio cruzar la puerta de su casa supo que todo había terminado. Lo veía todo negro.

“Two lovers” de James Grey y las opciones

¡Dios mío! Un minuto de bienaventuranza, aunque sea el único para toda una vida, ¿acaso es poco? (F.M.Dostoievski)

“Una fatalidad individual irremediable, un peso familiar sofocante, una fuerza todopoderosa y ciega o una endogamia evidente son algunos de los temas que acercan claramente el cine de Grey a las tragedias clásicas. (…) Los personajes de Grey carecen de toda libertad individual. Sus intentos por conseguir lo que quieren siempre se saldan con un estrepitoso fracaso.”

“La linealidad del relato, la claridad narrativa y el trabajo sobre la psicología de los personajes son aspectos que podían acercar al cineasta a un cierto neoclasicismo pero la suspensión del juicio, y la impresión de que no existe solución alguna para las historias contadas, hacen de él un artista actual.”

Aurélien Le Genissel, Estudio James Grey , Dirigido por nº400, mayo 2010.

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“Hierro 3″ de Kim ki duk

La casa vacía
Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi televisor.
Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la ropa, lo ordena todo
y luego desaparece,
Como si nadie hubiera estado allí…

Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie,
así que me desnudo, me baño, preparo la comida, lavo la ropa,
arreglo una báscula de baño y juego al golf en el jardín de la casa.

En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida,
que no sale nunca y que llora. Le muestro mi soledad.
Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos vamos sin decir ni una palabra.
Mientras elegimos una casa en que vivir, nos sentimos cada vez más libres.

En el momento en que parece que nuestra sed
de libertad se ha aplacado,
nos quedamos atrapados en una casa oscura.
Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia.
El otro aprende a convertirse en un fantasma
para esconderse en el mundo de la nostalgia.
Ahora que soy un fantasma, ya no siento deseos de buscar una casa vacía.
Ahora me siento libre de ir a la casa en la que vive mi amada y besarla.
Nadie sabe que estoy allí.
Excepto la persona que me espera. Siempre llega alguien para la persona que espera.
Llega, seguro… hasta para la persona que espera.
Este día del año 2004, alguien abrirá el candado que bloquea mi puerta
y me liberará. Confiaré ciegamente en esa persona
y la seguiré a donde sea sin que me importe lo que pueda suceder.
Hacia un nuevo destino.
Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad.

Poema de Kim Ki-duk

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“La dignidad no se come” en Granitte & Rainbow

Granitte & Rainbow es una nueva revista literaria digital donde se me dio la oportunidad de colaborar recientemente. Es un proyecto que me interesó desde el primer momento, puesto que representaba la oportunidad de expresar aquellas cosas que he experimentado al acercarme a ciertas obras desde un punto de vista más “profesional”. El hecho de contar con un editor me sirve para ir puliendo defectos y cuestiones difíciles de mejorar cuando es uno solo el que hace y deshace, revisa y propone.

Recomiendo a todo el mundo que se acerque a la revista, es posible (yo casi diría que es seguro pero quien sabe) que encuentre algo que le guste. No solo en cuanto a las obras de las que se habla, algunas más y otras menos conocidas, sino a los textos que la propia revista (a través de múltiples colaboradores) produce. Dejo el enlace para la revista que está ahora disponible para quien la apetezca echarle un ojo.

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La arquitectura y el oficio. Hablan profesionales (VI). Vasco Cortez: “El arquitecto tiene una función pedagógica sobre el cliente y sobre la sociedad en general.”

Nueva entrega de esta fertil serie de entrevistas. En esta ocasión tengo el inmenso placer de presentar a Vasco Cortez. Arquitecto portugués con el que tuve el placer de compartir un año de estudios en la Universidad de Lille. Cuenta con experiencia profesional en Portugal y Alemania. Por primera vez nos encontramos con un profesional formado fuera de España (no es el primero de nuestros colaboradores con experiencia fuera de España pero sí el único que nunca la ha tenido aquí) y como el mismo afirma: “…de hecho en Portugal y en España el arquitecto no tiene la misma función, algo que ocurre en todos (o casi todos) los países. O sea, no es posible definir de una forma genérica las reales funciones del arquitecto.”

¿Qué debe ser, u ofrecer, un profesional de la arquitectura?.

El profesional de arquitectura es, en general, el responsable de la organización del espacio físico ocupado por el Hombre. Como tal, debe ser, a mi ver, formado en multiud de campos, ya que las especialidades en la construcción y,consecuentemente, en la arquitectura se multiplican indefinidamente hoy en día. Siendo el responsable del proyecto arquitectónico, debe tener una formación humanística, artística, científica y técnica. La amplitud de conocimiento necesario viene provocado por los diferentes conceptos de la formación arquitectónica que existen en el mundo y también por lo que se entiende como arquitecto en cada lugar, de hecho en Portugal y en España el arquitecto no tiene la misma función, algo que ocurre en todos (o casi todos) los países. O sea, no es posible definir de una forma genérica las reales funciones del arquitecto. Esto trae problemas en la preservación del derecho al trabajo entre diferentes países de la Unión Europea, y en la recientemente promulgada equivalencia de titulaciones (proceso de Bolonia). En general pienso que un profesional de arquitectura se debe esforzar por poseer una formación genérica, como ya defendía Vitrúvio, que le permita controlar la esencia de la obra, y al mismo tiempo tener una visión global del hecho construido. Se le podría definir,a mi entender, como un coordinador de especialidades, pero también un artista, toda vez que la historia de la arquitectura siempre se ha inscrito en la historia general de la arte. Él presta un servicio, que no es solo un servicio técnico y artístico, sino también de asesoramiento y consultoría personalizado, tal como pasa con los abogados, por ejemplo. Tiene así una función pedagógica sobre el cliente y también sobre la sociedad en general.

¿Qué esperabas y qué has obtenido de tu(s) primera(s) experiencia(s) trabajando en el campo de la arquitectura?

No sé lo que esperaba, pienso que nada en particular. Quizás ganar experiencia, contactar con la realidad. En la universidad el trabajo es siempre teórico, pues por muy realista que sea la forma como se proyecte, todos sabemos que nada va a ser construido. Pienso que esa es la verdadera diferencia entre la escuela y la vida real: la posibilidad (pequeña o grande) de que un proyecto se transforme en un edificio. Lo que obtuve ha sido la confrontación con la dureza de la realidad. A nivel constructivo pude ver como son construidas las cosas en la realidad, pero también descubrí como se desarrollan un proyecto a nivel político y administrativo (como se obtienen proyectos, como se los lleva adelante, se los discute con el cliente y altera indefinidamente, se los aprueba, se llega a la obra y finalmente son construidos). He aprendido que el proceso de realización de un proyecto real es mucho mas complejo, difícil y lento de lo que yo imaginaba.

¿Cuál es tu proyecto soñado y cuáles crees que son tus mejores armas para conseguirlo?

No tengo un proyecto soñado, nada que quiera hacer en particular. Hay, sin embargo proyectos que me atraen mas que otros. Un museo es siempre el deseo de cualquier arquitecto, así como una biblioteca o edificios públicos en general, pero también la habitación (vivenda) puede tener mucho interés. Un campo que también me interesaría sería llegar a construir obras de ingeniería, como puentes o viaductos. Pienso que son obras mucho mas próximas a la arquitectura y al diseño de que la mayoría de las personas piensa. Alias, la división y conflictos típicos en Portugal entre ingenieros y arquitectos nunca ha hecho para mi ningún sentido.

Para jóvenes arquitectos sin muchos conocimientos o contactos importantes, la única arma para conseguir construir sea lo que sea son los concursos públicos. En Portugal se dice que muchos ya están decididos al inicio y que no son justos, y que por eso no vale la pena participar. Continuo queriendo creer que algunos todavía no lo están y que aún vale la pena intentar.

“El nuevo mundo” de Jean-Luc Godard en ROGOPAG

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Ilustraciones en Basketblog

En medio de toda esta vorágine de entrevistas y temas “trascendentes” (sic) que circulan por aquí no había trascendido por ahora una de mis aficiones fundamentales en la vida, el baloncesto.

Recientemente he tenido la oportunidad de comenzar a compaginar la escritura con este amado deporte (en el blog basketblog) y hoy, al margen de lo contento que estoy del contenido de la página, me gustaría presentar un aspecto que no abunda mucho. Las ilustraciones que aparecen, con menos asiduidad de la que apetecería, son de una expresividad y una fuerza increíbles. El ilustrador: Bort.

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La arquitectura y el oficio. Hablan profesionales (V). Vanessa Barral: “No comparto las ansias de cambiar el mundo.”

El turno corresponde en esta ocasión a Vanessa Barral, que ya ha aparecido por estos lares en dos ocasiones (con “Armando” y “La bufanda”) y a la que recibimos otra vez con gran placer -que sean muchas más-, una arquitecta titulada en 2007 con más de 5 años de experiencia en estudios de arquitectura, en labores tanto de becaria como de arquitecta titulada.

¿Qué debe ser, u ofrecer, un profesional de la arquitectura?

La concepción del arquitecto y de sus deberes u obligaciones varía según a quien le hagas la pregunta o a quien quieras venderle la respuesta.  Podríamos hablar de la visión general de la profesión en nuestra sociedad,  de la imagen mediática, de la que espera el cliente, de la que nos enseñan en la facultad…  pero ninguna de ellas coincidiría, y todas se alejarían de la visión personal que pueda tener cada uno de nosotros.

En mi caso, me cuesta bastante crearme una idea clara sobre ello. La percepción de mis deberes u obligaciones ha ido cambiando a lo largo de los años, según lo que he ido viendo a mi alrededor.  Podría decir que considero que el arquitecto debe estar al servicio de la sociedad, debe construir espacios que respondan a las necesidades de sus usuarios, debe hacer más fácil la vida de los demás, y además debe conseguir que el mundo en general sea más acogedor.  Pero estaría mintiendo.  Esta es la idea con la que generalmente salimos de la carrera, para luego darnos cuenta de que, en realidad, el arquitecto está únicamente al servicio de su cliente,  y sólo debe responder a las necesidades de éste.

Supongo que nuestra profesión no difiere demasiado de cualquier otra en nuestros días. Lo único que poseemos son los conocimientos necesarios para crear un producto, y nuestra única obligación es la de hacer que quien compre ese producto quede satisfecho con él.

El problema es que, generalmente, nos preocupamos más por atender las necesidades de nuestro propio ego que las del comprador de nuestro producto, y de ahí que al final ninguno de nosotros sepa exactamente cuál es su obligación como profesional.

¿Qué esperabas y qué has obtenido de tu(s) primera(s) experiencia(s) trabajando en el campo de la arquitectura?

Esperaba aprender,  ver lo que un arquitecto era y hacía realmente, formarme, descubrir el mundo real de nuestra profesión y llegar a considerarme capaz de hacer algo por mí misma sin tener dudas.  Suena gracioso, pero después de 5 años (léase 8, 10, 12…) de estudios, salimos de la carrera sin tener ni idea de lo que es el mundo real de la construcción, y si no tienes a nadie relacionado con ella en tu familia, es muy difícil hacerse una idea de cómo funciona todo.

Lo que he obtenido ha sido diferente en los estudios en los que he trabajado, pero si tengo que buscar algo común a todos ellos diría que, en general, la sensación ha sido la de decepción.  Normalmente, los primeros años  te utilizan como un delineante, simplemente te consideran un poco más espabilado que ellos.  Pocas veces tomas parte en el área de diseño, puesto que no tienes suficiente experiencia para ello. Sin embargo, te cargan con toda la parte técnica de los proyectos como si llevaras construyendo toda tu vida.  Al principio te asustas porque crees que no tienes la preparación suficiente para resolver ciertos problemas. Ya no estás en la carrera, ya no es un proyecto irreal sino que estás haciendo un edificio que se va a construir realmente. Aquí no se puede hacer trampas, si lo haces mal las consecuencias pueden ser fatales. Sin embargo, ves que esa preocupación que tú tienes no la comparte tu jefe ni la gente que trabaja contigo, y no lo entiendes.  Intentas hacerlo lo mejor que puedes, buscas información  en donde sea, y lo sacas adelante, esperando que si hay errores alguien te los corrija, pero resulta que después nadie revisa tu trabajo, y esas decisiones que tomaste tú sin saber si eran las correctas o no, son las que se entregan con el proyecto.

Al final, has hecho muchas cosas que nunca antes habías visto. Te parece que has aprendido mucho. Pero lo cierto es que no tienes ni idea de si las has hecho bien o si por el contrario el edificio que has resuelto va a estar lleno de humedades dentro de 2 años.

¿Cuál es tu proyecto soñado y cuáles crees que son tus mejores armas para conseguirlo?

No tengo un proyecto soñado. Para ser sincera, yo no estudié arquitectura por vocación, y a pesar de que me gusta mucho mi trabajo, no comparto las ansias de cambiar el mundo que tienen la mayoría de mis compañeros ni los ideales que intentan inculcarnos en la carrera.   No aspiro a construir algo que salga en las revistas,  no espero revolucionar el mundo del diseño ni descubrir un sistema constructivo innovador que llegue a conocerse mundialmente.  Mi aspiración es tan simple como estar a gusto en mi trabajo, sin importar qué tipo de proyecto haga, más bien la manera en que se lleve a cabo.

Podría decir que uno de mis sueños es construir mi propia casa, pero no se trata de una aspiración profesional sino personal.  No sería un logro para mí el hecho de realizar el proyecto, sino el de poder disfrutarlo durante el resto de mi vida.

Las armas para conseguirlo, todavía estoy buscándolas.

La arquitectura y el oficio. Hablan profesionales (IV). Estíbaliz García: “Se hace necesario abrirse a otros campos.”

Nos encontramos con Estíbaliz García, arquitecta tiulada en febrero de 2010 y con experiencia tanto en estudios (como becaria y arquitecta) como en investigación.

¿Qué debe ser, u ofrecer, un profesional de la arquitectura?

Sin duda, es una de las cuestiones principales que se plantea hoy en día la arquitectura.

Hace años, cuando uno decidía  empezar la carrera se imaginaba en una obra, con un casco, planos…  No hay más que entrar en cualquier página web de una constructora y ver que una de las imágenes que se muestran es la del “típico” arquitecto. Pues bien, desde mi punto de vista, todo esto está perdiendo  veracidad. Actualmente no existe suficiente demanda para este tipo de arquitecto (en especial cuando se titulen los 40.000 estudiantes matriculados en  la actualidad). Se hace necesario abrirse a otros campos.  Arquitectura social, arquitectura en la red,  diseño, en definitiva, soluciones cotidianas que no sean simplemente las de un técnico, de hecho para estas cuestiones probablemente habrá otros profesionales mejor cualificados.

Respecto al arquitecto, una de las cualidades fundamentales que debe tener es la flexibilidad, entendida como la capacidad de adaptación a múltiples condicionantes.

¿Qué esperabas y qué has obtenido de tu(s) primera(s) experiencia(s) trabajando en el campo de la arquitectura?

Los primeros días que pasé en un estudio como estudiante  fueron decepcionantes, porque hasta ese momento no había reparado en que lo que se me iba a exigir era simplemente estar durante cinco horas todos los días delante del ordenador.  Mi sensación era la de ser una oficinista con unos conocimientos de arquitectura (El tema del sobre con mis honorarios a finales de mes mejor lo voy a obviar).

Una vez titulada el trato que recibí fue, ciertamente, muy bueno. Pero claro, muy bueno en comparación con las condiciones laborales en las que se encuentran actualmente mis compañeros de profesión.  Resulta desilusionante que una profesión que realmente se afronta por vocación, con el paso del tiempo, acabe dando más disgustos que alegrías. Espero seguir pensando que esas alegrías compensarán unos comienzos que se plantean complicados.

¿Cuál es tu proyecto soñado y cuáles crees que son tus mejores armas para conseguirlo?

En realidad, es complicado contestar esta cuestión, porque para ello se tendría que tener claro a cual de los campos de los que hablábamos antes me gustaría dedicarme.

Sin duda, llegar a realizar una pieza, a pesar de pasar inadvertido el nombre de su creador, se convierta en  algo que llegue a utilizar cualquier tipo de usuario, ese sería el mayor reconocimiento posible.  Es decir, realizar una pieza como el exprimidor de Philipe Starck, cualquier mobiliario Eames (por dar un par de ejemplos) que llegan al gran público y que a pesar de la discusión que siempre tengo con mis compañeros para mi, si son arquitectura.

“Caché” (Escondido) de Michael Haneke

“La culpabilidad es un invento judeocristiano y estamos sumergidos en esta cultura. No puedo ver el mundo bajo otro prisma. Pero la culpabilidad también es un problema filosófico, y no pretendo resolverlo, sólo hablo de ese problema. Al hacer la pregunta: ¿Cómo vivimos sabiendo que a lo lejos, y no tan lejos, nos rodea la pobreza? Sabemos que pertenecemos a la parte del mundo que se asienta en los hombros del otro y lo explota. Ante eso, se puede reaccionar de diversas maneras. El comportamiento del personaje interpretado por Daniel Auteuil, cuando se toma dos pastillas para dormir, es más o menos el de la mayoría de nosotros frente a la mala conciencia que sentimos por el resto del mundo. Cada uno escoge qué pastilla tomar. Algunos dan dinero a organizaciones caritativas. Pero en cuanto se habla de algo concreto, el número de personas se reduce radicalmente.”  Michael Haneke, en una entrevista en el sitio web golem.es

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