Casa Moriyama de Ryue Nishizawa o cómo queremos vivir

m7La agrupación de seres humanos en una vivienda (sean núcleos familiares o no) es un hecho totalmente cambiante, amigos que viven juntos, parejas que se juntan, se separan, se casan, tienen hijos, los hijos se van, vuelven, se juntan dos familias, generaciones diferentes, uno se va a vivir al extranjero, se juntan desplazados con un residente… Las opciones son múltiples y pueden ir variando tanto con el tiempo como con las necesidades específicas que ceñirse a los espacios tradicionales de habitáculos tipo salón, comedor, baño, habitaciones de los hijos, de los padres con baño y poco más provoca que sean las personas las que se tengan que adaptar a sus casas y no al revés.

La flexibilidad de los espacios vivideros (y no solo de estos) no existe salvo en unas limitadas y honrosas excepciones. La vivienda, que siempre ha sido (y debe ser) un laboratorio de investigación de nuevas soluciones y propuestas, se presenta en su mayoría utilizando procedimientos constructivos pobres y espacios de baja calidad. Los arquitectos son, en su mayoría, cómplices de esta situación, bien por no saber imponer sus criterios o por dejarse seducir por soluciones más ventajosas económica o por una sobrealimentación de su ego.

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