Casa Moriyama de Ryue Nishizawa o cómo queremos vivir

m7La agrupación de seres humanos en una vivienda (sean núcleos familiares o no) es un hecho totalmente cambiante, amigos que viven juntos, parejas que se juntan, se separan, se casan, tienen hijos, los hijos se van, vuelven, se juntan dos familias, generaciones diferentes, uno se va a vivir al extranjero, se juntan desplazados con un residente… Las opciones son múltiples y pueden ir variando tanto con el tiempo como con las necesidades específicas que ceñirse a los espacios tradicionales de habitáculos tipo salón, comedor, baño, habitaciones de los hijos, de los padres con baño y poco más provoca que sean las personas las que se tengan que adaptar a sus casas y no al revés.

La flexibilidad de los espacios vivideros (y no solo de estos) no existe salvo en unas limitadas y honrosas excepciones. La vivienda, que siempre ha sido (y debe ser) un laboratorio de investigación de nuevas soluciones y propuestas, se presenta en su mayoría utilizando procedimientos constructivos pobres y espacios de baja calidad. Los arquitectos son, en su mayoría, cómplices de esta situación, bien por no saber imponer sus criterios o por dejarse seducir por soluciones más ventajosas económica o por una sobrealimentación de su ego.

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“De profundis” de Oscar Wilde

“Esta carta, con su tornadizo y vacilante humor, con su desprecio y su amargura, sus anhelos y la impotencia de transformarlos en acción, te demuestra con gran claridad hasta qué punto estoy lejos aún del verdadero temple del alma. Pero no olvides cuán terrible es la escuela en que me veo sentado ante mi tarea. Por muy imperfecto que yo sea, mucho has de aprender todavía de mí. Viniste a mí para aprender el goce del arte. Quizá he sido elegido para enseñarte algo más maravilloso: el significado y la belleza del dolor.”

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El tratamiento público de la vida privada de personajes famosos (o no tan famosos) es algo muy común hoy en día en los medios de comunicación que nadie se pregunta de dónde ha salido. Está ahí, a los implicados les proporciona (les guste y participen de ello o no) notoriedad entre el resto de sus semejantes y, a cambio, desnudan sus asuntos más íntimos ante ojos y orejas atentos a todo lo que hacen o dicen. Se ha llegado a un punto de tal banalidad que no deja de ser curioso que cosas así hayan pasado en épocas pretéritas y con consecuencias mucho menos amables que un show televisivo en cualquier cadena del mundo.

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“La clase” de François Bégaudeau y “La clase” de Laurent Cantet. Entrevista a Isabel Rico

Al respecto de la lectura de La clase de François Bégaudeau y el visionado de la película del mismo nombre de Laurent Cantet (cuyo título original de ambas en su versión original es “Entre les murs”) me surgieron distintas cuestiones que he intentado exponer a una persona relacionada directamente con el sector de la educación, de sus respuestas cada uno sacará sus propias conclusiones.

A continuación se reproducen íntegramente las respuestas de Isabel Rico a las cuestiones que se le plantearon y su esperanzadora conclusión. Quiero manifestar mi profundo agradecimiento por haberse tomado la molestia y por el interés mostrado.

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Identificación

Llevo ya un cierto tiempo intentando decidir cómo enfocar este post, no era mi intención original plantear aquí cuestiones de tipo personal, sino analizar desde un punto de vista propio (que no personal) un comentario (no me atrevería a decir análisis) de algunas manifestaciones culturales, ya fuesen libros, películas, situaciones o cualquier otra, que por algún motivo llamasen mi atención para bien o para mal. Pero hay veces en que llega el momento de hablar sobre algunas obras que te afectan directamente, no porque, evidentemente, yo tenga ningún tipo de relación con sus autores (espero ansioso el día en que se publique la primera novela de mi propio hermano para traer aquí mis impresiones) sino porque en algún momento conectaron contigo a un nivel íntimo que hace que cualquier juicio esté condicionado por ese sentimiento.

Por ello me he decidido a incluir varias obras para ejemplificar este hecho, y me explico, a través de ellas se busca explicar no tanto el cómo se ha producido sino el porqué.
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“The man from London” de Béla Tarr. Hungría, 2007

“…un hombre que, pasada la cincuentena, tiene una vida monótona. Cada día el mismo círculo: subir a la torre por la noche, bajar por la mañana, beber algo en el bar, volver a casa, dormir durante el día y volver al trabajo. Sabemos que nada cambiará ni en uno ni en quince años. La cuestión que me interesó es la siguiente: ¿qué pasa si un hombre en esta situación se enfrenta a una tentación, a una posibilidad de cambio? ¿Qué es capaz de hacer con esta posibilidad? ¿Qué tono adquiere su revuelta? Después, claro está, renuncia, pierde todo y debe volver a su rutina.”

Es esta una adaptación del cineasta húngaro Béla Tarr de una obra de Georges Simenon del mismo nombre, una obra de puro cine negro pero contada de un modo personal, es una adaptación sobre todo de ambientes, la película comienza con una prolongada secuencia donde se nos presenta el asunto en cuestión, pero dentro de una experiencia agobiante, donde todo se nos viene encima, unos delincuentes mal avenidos, un robo frustrado en el último momento por una disputa y un observador atento a los detalles, todo ello desde lo alto de la cabina, muy lentamente, comprendiendo lo que ocurre, agobiados por un ambiente muy pesado, con una música encima que aumenta la carga. Es el punto de partida de un thriller que no es importante en su historia sino en las reacciones que provoca.

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“Un cuento de navidad” de Arnaud Desplechin. Francia, 2008.

“Las familias simplemente suceden. Y todas ellas son disfuncionales.”

Como titular para describir a una película es bastante gráfico, y sirve como punto de partida para hablar de esta película de Arnaud Desplechin, la primera que se estrena en España. El autor parte, como el mismo explica en un entrevista que le realizaron, de un género tan típico, y a priori poco prometedor, como es el de las reuniones familiares en torno a las fiestas (navideñas o de acción de gracias en el caso de las americanas), lo que en otros casos derivaría en un melodrama para después de comer o una comedia sin más pretensiones es aquí el retrato de una familia, la Vuillard, pero que podría ser otras muchas.

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