As leis fundamentais da estupidez humana de Carlo M. Cipolla (Rinoceronte editora)

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Primeira Lei Fundamental: Sempre e inevitablemente cada un de nós subestima o número de individuos estúpidos que hai en circulación.

Subestimámolos tanto que podemos, mesmo, non ver que somos un deles. Para empezar a pensar na nosa pertenza a tan distinguido grupo, haberá que definir unha clasificación dos propios humanos. Estarían os intelixentes, os malvados, os coitados e os estúpidos. Unha distinción que varía en función do beneficio ou a perda que xeremos para nós ou para os destinatarios das nosas accións.

Segunda Lei Fundamental: A probabilidade de que unha persoa determinada sexa estúpida é independiente de calquera outra característica desa mesma persoa.

Esa perda ou ese beneficio non ten que ser só material, o que condiciona o cálculo. Simplemente, un acto que provoca un resultado no que o fai e que causa un resultado sobre o que o recibe. O exemplo más claro sería que A lle roubase 1000€ a B. A conta de A sube 1000 (beneficio) e a de B baixa eses mesmos 1000 (perda). Alguén intelixente sería o que obtivese o seu beneficio ó mesmo tempo que provoca tamén ganancias nos demáis. Un estúpido sería o contrario e polo medio estarían os malvados (beneficio propio con perda allea) e os coitados (perda propia con beneficio alleo).

Terceira Lei Fundamental: Unha persoa é estúpida é unha persoa que causa un daño a outra persoa ou grupo de persoas sen obter ao mesmo tempo un beneficio para si, ou mesmo obtendo unha perda.

“… ante a Terceira Lei Fundamental, as persoas racionais reaccionan instintivamente con escepticismo e incredulidade”.

O feito de considerar positiva ou negativa a repercusión dunha acción dependerá tanto de A como de B. A valorará o que gañe ou perda cos seus actos e B debe ser o xuíz das consecuencias que deses devanditos actos. A súa escala de valores ou visión da vida deben ser os factores a ter en conta.

Cuarta Lei Fundamental: As persoas non estúpidas subestiman sempre o potencial nocivo das persoas estúpidas. En concreto os non estúpidos esquecen constantemente que en calquera momento e lugar, e en calquera circunstancia, tratar e/ou asociarse con individuos estúpidos manifétase como un erro custosísimo.

O propio Carlo M. Cipolla o explica no seu libro e eu limítome a ratificar as súas palabras. Ser estúpido é algo completamente irracional e imprevisible, o que non significa que sexa malo nin voluntario, esa xa é outra historia.

Deixamos para a fin un modelo de diagrama co que podemos empezar a xulgar as nosas relacións persoais. Un exercicio moi revelador que podería servir para cambiar algunhas ideas firmemente arraigadas en nós. O eixo X mide o resultado para nós mesmos (cara a dereita, +, ou a esquerda, -, segundo o resultado) e o eixo Y o provocado nos outros (co criterio de positivos para arriba e negativos para abaixo). Un exercicio que debería ser obrigatorio.

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Sobre la envidia y “Laura y Julio” de Juan José Millás

La diferencia entre un gran escritor (por ejemplo Juan José Millás) y un aficionado a la lectura es la capacidad para plasmar en el papel aquello que te ronda por la cabeza. Si entran en competición un profesional y un amateur de la escritura la diferencia estará en la capacidad para llegar un poco (o un mucho) más lejos. No hace falta ser más listo, simplemente, ante G&Rla misma situación ellos son capaces de sacar conclusiones diferentes, pueden expresarlo de un modo más claro y llegarán a tocar al lector en puntos bastantes profundos. Yo, que ni lo soy ni aspiro a serlo, ya he tenido bastantes dificultades para completar este párrafo y que se entienda un poco lo que quiero decir.

Lo que indudablemente no me faltan son las ganas de seguir intentándolo y, por eso, me lanzo con un ejemplo gráfico. En el mes de abril salió el 19 de la revista Granite & Rainbow en el que colaboro. Era un número dedicado a la envidia (entre julio del 2011 y julio del 2012 tuvimos la oportunidad de pararnos en los 7 pecados capitales), en el que colaboré con un artículo titulado “La envidia y la distancia”, apoyado en la novela gráfica de Adrien Tomine “Rubia de verano”. Releyéndolo, puede ser que llegara a decir todo lo que tenía en mente sobre la envidia:

“Es a mi vecino, a mi compañero de trabajo, a mi amigo, incluso a mi pareja, a la que voy a envidiar de un modo dañino. Será malo porque, en la mayor parte de los casos, veré sus éxitos no como el resultado de sus esfuerzos y su dedicación, sino como la injusticia de que haya sido elegido, elegida, beneficiado, beneficiada, premiado, premiada, por delante de mí. Es un sentimiento mezquino y, por mucho que nos duela, más si la víctima de nuestro rencor es alguien cercano o querido, vamos a intentar mantenerlo bien guardado y protegido.” Extracto de La envidia y la distancia, en el número 19 de G&R.

Mantengo lo expuesto en estas líneas y en el resto del artículo, pero tras leer “Laura y Julio” de Juan José Millás veo que falta un matiz fundamental. La envidia se basa en la comparación. Tú tienes tal y yo tengo cual, y al ponerlos uno al lado del otro veo que lo que tienes es mejor, más grande, lo que yo merezco y demás. Una idea que no llevaba implícito el menosprecio hacia lo mío. Hasta que llegaron los correos que Manuel envía a Laura en la citada novela, en los que analiza a Julio. Gracias laura y julioa ellos lo veo claro. Envidioso solo puede ser aquel que no valora lo suyo. Y no se trata sólo de cosas materiales, estamos hablando de personalidad, imagen (real o proyectada), familia, amigos, opciones o elecciones, de todo.

 “La característica principal de tu marido es, en efecto, la envidia. Lo que poseen los demás vale más que lo que posee él (…) No sospecha que tú y yo tengamos una relación porque no le cabe en la cabeza que alguien pueda desear algo de lo que pertenece a su mundo.”

Al margen de la envidia, de “Laura y Julio” también me quedo con otras dos reflexiones. A saber:

“Continuaron hablando del incesto. Manuel aseguró que a veces, en la vida, se encuentran cosas nuevas, pero siempre como efecto secundario de buscar las antiguas.”

“Sólo Julio conocería la diferencia entre la historia real y el mito porque siempre hay alguien (por lo general, el encargado de la intendencia) que, para su desgracia, sabe más que el otro.”

Dos ideas que confirman todo lo dicho hasta ahora. Escribir no es juntar letras, sino hacerlo con un objetivo, sea el que sea.

La arquitectura y el oficio. Hablan profesionales (III). Laura Vizcaíno: “Un arquitecto debe ser un buen gestor, un buen administrador y un buen relaciones públicas.”

Continuando con nuestra serie de entrevistas, hoy tenemos a Laura Vizcaíno, titulada en febrero de 2009 y con más de 3 años de experiencia en cuatro estudios diferentes donde realizó funciones de becaria y de arquitecta.

¿Qué debe ser, u ofrecer, un profesional de la arquitectura?

Puff, empezamos fuerte. La verdad es que un profesional de la arquitectura debe ser y ofrecer muchas cosas al mismo tiempo. He pasado por diferentes estudios y, la verdad, es que han sido todos muy distintos. Puede que el trabajo que realices dependa, en cierto modo, del número de personas que formen el propio estudio y el tipo de proyectos a los que se dediquen.

Un profesional de la arquitectura debe ser versátil y polifacético. Tiene que saber desenvolverse  con facilidad en el terreno propio de la arquitectura. Dar soluciones rápidas y efectivas al instante, pero al mismo tiempo adquirir un compromiso laboral a largo plazo. Desde el momento del encargo, hasta ver la obra finalizada, el arquitecto adquiere un compromiso permanente. No se puede o no debe desligarse del proyecto.

Pero al arquitecto no le basta con ser bueno solamente en aquello en lo que se ha formado. Debe ser un buen gestor, un buen administrador y un buen relaciones públicas, tener buena mano con la gente. La arquitectura no se limita simplemente a recibir un encargo, dibujarlo sobre papel y entregarlo al cliente. Debe desarrollar un buen entendimiento con el promotor y con las diferentes personas u organismos que intervienen en el proyecto. Estar informado en todo momento de subvenciones, ayudas o normativas de las que se pueda beneficiar para llegar a la solución más ventajosa para todas las partes. Tiene que ser consciente que se encuentra dentro de un proceso continuo de formación y, en la mayoría de los casos, es autodidacta.

¿Qué esperabas y qué has obtenido de tu(s) primera(s) experiencia(s) trabajando en el campo de la arquitectura?

En mi caso, esperaba un trabajo más creativo. En muy pocas ocasiones me han dejado pensar en algo, es decir, siempre he recibido unas directrices. En ningún momento me he tenido que enfrentar al temido momento de la hoja en blanco.

Cuando he estado de becaria antes y después de titularme, la mayor parte del tiempo me daba la sensación de que era una delineante más. Tenía que realizar un trabajo que después se juzgaba como si aún continuase en la escuela. Puede que sea complicado de explicar: no se me valoraba como arquitecto, pero tampoco como delineante. No se me daba el poder de decidir, no tenía responsabilidad sobre mi trabajo, pero si este no funcionaba (fuese o no mi culpa) era mi responsabilidad porque era arquitecto. Mi experiencia en este aspecto, resultó bastante frustrante y decepcionante.

Como “colaboradora” las cosas han sido distintas. Tras un pequeño periodo de adaptación y siguiendo unas pautas, desarrollar de principio a fin un proyecto es muy gratificante. Al no tener experiencia, consultas dudas para buscar soluciones. Pero estas consultas son de igual a igual, totalmente diferente a la situación anterior.

En mi caso, “mi primer proyecto en solitario” es la rehabilitación de una pequeña iglesia. Desde ir al sitio, empezar a medir y decidir hasta el más mínimo detalle, hace que sea como un hijo, que lo has visto crecer. La pena en mi caso es no estar siguiendo el desarrollo a pie de obra, pero siempre lo “sentiré” como algo mío.

¿Cuál es tu proyecto soñado y cuáles crees que son tus mejores armas para conseguirlo?

Yo creo que no existe un proyecto soñado. La gente puede pensar en hacer grandes edificios como palacios de congresos, museos… algo simbólico y espectacular. Para mí, el proyecto soñado es aquel en el que yo me sienta realizada y contenta con el trabajo hecho. Conseguir que aquellos que me lo encarguen queden satisfechos con lo que he hecho. Un proyecto en el que se impliquen ambas partes. Puede que ese proyecto soñado consista simplemente en una pequeña reforma interior de un apartamento.  No tengo sueños de grandeza ni de reconocimiento mundial, sino que las personas con las que trabajo queden contentas con el resultado.

No sé si esto todo lo que he dicho es de interesante o no. Simplemente es la experiencia de casi un año de trabajo en diferentes estudios: desde uno de los estudios más grandes que hay en Galicia a estar mano a mano con un arquitecto.

La arquitectura y el oficio. Hablan profesionales (II): “El arquitecto debería llegar antes que la necesidad”

Comenzamos esta, esperemos, larga e interesante serie de entrevistas con una arquitecta titulada en 2009 y con ya más de un largo año de experiencia en el campo de la arquitectura.

¿Qué debe ser, u ofrecer, un profesional de la arquitectura?

Empezamos fuerte.  Es una pregunta muy difícil, intentaré contestarla lo mejor que pueda, dentro de mis, aún escasos, conocimientos de la profesión.

Para mí la de arquitecto es una profesión al servicio de la sociedad, por lo tanto su principal función sería ayudar a ésta a hacer su vida más fácil, saber ver los problemas e intentar dar una solución, atender a sus necesidades…  unas necesidades que van más allá del aquí y ahora, deben predecir el futuro. El arquitecto debería llegar antes que la necesidad, y esa anticipación es lo que hace tan difícil, a veces, la profesión.

Pero por otro lado es esta misma predicción del futuro, o el creerse sabedor del futuro lo que hace al arquitecto, en demasiadas ocasiones, ser soberbio. Y este es uno de nuestros grandes problemas.

¿Qué esperabas y qué has obtenido de tu(s) primera(s) experiencia(s) trabajando en el campo de la arquitectura?

¿Qué esperaba? No sé… ya ni me acuerdo, jeje. Esperaba que la experiencia fuese dura, pero enriquecedora, supongo que como todos. Yo tenía las expectativas bastante altas, mi primera experiencia iba a ser en un estudio relativamente  importante dentro de la arquitectura gallega, y esperaba aprender mucho, mucho… dentro del terreno profesional y madurar en lo personal. Y, bueno, creo que las dos cosas las he hecho, pero quizás no como me lo había imaginado.

No voy a negar que los primeros meses fueron un tanto decepcionantes. Yo tenía un concepto idealista de la arquitectura, pensaba que con buenas ideas se llegaba a cualquier parte y luego descubres que, al final, los buenos proyectos los haces por gratificación personal, pero nadie, o muy pocos, lo va a valorar. Todo se reduce a dinero y dinero.  Y descubres que la profesión es muy ingrata.

Por no hablar de la competitividad entre los arquitectos, incluso dentro del propio estudio. Pero este tema no es exclusivo de la arquitectura.

¿Cuál es tu proyecto soñado y cuáles crees que son tus mejores armas para conseguirlo?

No tengo proyecto soñado, nunca he soñado con realizar algo concreto…. De hecho una de las cosas mas bellas de nuestra profesión, es esa incertidumbre que se genera desde el minuto 0 en que decides proyectar algo, y nunca saber a dónde vas a llegar esa vez. Papel en blanco y a volar. Con sus mil condicionantes y parámetros, solo hay que buscar la forma de volar entre ellos. Es la esencia del proyectar.

Y mi única arma es intentar hacer mi trabajo lo mejor que pueda en cada momento.  Soy muy tenaz.

La arquitectura y el oficio. Hablan profesionales

Recientemente, y a raíz de la lectura del libro de Llàtzer Moix, que ya comenté por estos lares, se me ocurrió que resultaría interesante comunicarme con l@s profesionales para conocer su opinión de primera mano. Al fin y al cabo, mi conocimiento de la realidad de la profesión es más limitado.

Se publicarán una serie de emtrevistas y algún artículo relacionado que ayudarán a comprender como ven jóvenes profesionales (que son probablemente los que menos “infecatados” de realidad estén). Las cuestiones son las mismas para todos:

  1. ¿Qué debe ser, u ofrecer, un profesional de la arquitectura?
  2. ¿Qué esperabas y qué has obtenido de tu(s) primera(s) experiencia(s) trabajando en el campo de la arquitectura?
  3. ¿Cuál es tu proyecto soñado y cuáles crees que son tus mejores armas para conseguirlo?

Las líneas son simples, idea de profesional, realidad de la profesión y el apasionante mundo de los sueños e ilusiones.

“La indiferencia de Estados Unidos”, artículo de Paul Shirley en El País (02/09/10)

“Uno no puede ser un novio o un perrero o un gigoló a no ser que se comprometa a ser un novio, un perrero o un gigoló. Uno tampoco puede ser un jugador de baloncesto a no ser que se comprometa a ser un jugador de baloncesto. El problema es que comprometerse a interpretar o a jugar al baloncesto implica la posibilidad de un fracaso estrepitoso, catastrófico y notable. El joven actor o el joven jugador saben que comprometerse con su trabajo podría llevarles a fracasar en él. Lo que todavía no saben es que, si no se comprometen, seguro que fracasarán.”

Luis Scola

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Arquitectura milagrosa de Llàtzer Moix y la profesión arquitectónica

¿Cómo, con qué fines, por qué camino y a qué precio se llega a construir una obra de estas características y proporciones?

“el principal riesgo en arquitectura es optar por lo neutral, por los edificios que no se ven. Hay muchos edificios insípidos que ilustran lo que digo… No soy formalista, pero me gustan las formas.” Jean Nouvel

A Mercader le complació la idea. Supo de inmediato que hallaría fácil acomodo en el imaginario popular. Y le animó a desarrollarla, haciendo hincapié en su relación con Montserrat o Gaudí, y marginando otros referentes como eran la Tour Sans Fin del propio Nouvel o los géiseres. “Le sugerí a Jean que incluyera una alusión a Montserrat en cada una de las imágenes virtuales de la nueva torre que debíamos presentar, unas semanas después, al cliente, para así facilitar la aprobación del proyecto. Creí oportuno subrayar esta relación, para que Agbar reparara en el nexo existente entre aquella propuesta rompedora y la tradición local.”  Santiago Mercader es consejero delegado de Laietana

“Las cosas son así”, prosigue el colaborador de Nogués. “ El hombre de la calle quizás no sepa mucho de arquitectura, o de ropa, pero sí sabe de marcas. Cuando los nombres le suenan, confía. Y quien dice el hombre de la calle dice los alcaldes del área metropolitana de Barcelona: a todos les gustan las marcas. Lo cual en ocasiones puede tener un precio.” Antoni Nogués es gerente de la ADU (agencia de desarrollo urbano de L’Hospitalet)

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