“Saber perder” de David Trueba, 2008.

“No te olvides que todo esto es sólo un atropello, se trata de salir con vida, nada más.”


Un período de tiempo determinado, cuatro personas que quieren ser solo ellos mismos. No es un retrato de una sociedad en sus miembros pero sí en sus actitudes. Los adolescentes, problemas e inquietudes. Los adultos, con sus vidas formadas que funcionan o no, se rompen, se reconstruyen a jirones. Los ancianos, que ven el final del camino, pero que sienten y todavía experimentan, donde la sociedad ve elementos ya inútiles los implicados siguen con su existencia.

En un entorno también controlado por el autor, Madrid como un personaje más, una ciudad tan variada como sus protagonistas.

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“Sin sangre” de Alessandro Baricco, 2007.

“El hombre sacudió ligeramente la cabeza.

– Pero no sucedió nada, porque a la vida siempre le falta alguna cosa para ser perfecta.”

“El hombre respondió que, para tener hijos, era necesario tener confianza en el mundo.”

“Había un montón de cosas que teníamos que destruir para poder construir lo que queríamos, no había otra forma, teníamos que ser capaces de sufrir y de inflingir sufrimiento, quien resistiera más dolor sería el que venciera, no se puede soñar con un mundo mejor y pensar que te lo entregarán con solo pedirlo.”

“Y en todos estos años usted se ha preguntado mil veces por qué entró en aquella guerra, y durante todo ese tiempo fue dándole vueltas y vueltas en la cabeza a su mundo mejor, para no pensar en el día que le trajeron los ojos de su padre, y para no seguir viendo a todos los otros muertos asesinados que entonces, como ahora, pueblan su memoria como un recuerdo intolerable, que es la única, la verdadera razón por la que usted luchó, porque usted no tenía otra cosa en su memoria, vengarse, ahora tendría que ser capaz de pronunciar esta palabra, venganza, usted mataba por venganza, todos matabais por venganza, no hay que avergonzarse por ello, es la única medicina contra el dolor.”

“Solo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos degarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años.”

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“Do que estou a falar cando falo de correr”(II)

Una vez finalizada la lectura, y superada la impresión inicial, queda una sensación de gratitud. Existen en el mundo muchos buenos escritores, y es obvio que dentro de cada una de sus obras hay una parte importante de sí mismos, pero que expliquen tan minuciosamente hechos tan personales, que desnuden su interior, probablemente sea un acto de generosidad a la altura de los más grandes.

“Polo menos nunca camiñei.”

Motivaciones íntimas, vivir tu vida como quieres y no avergonzarte de ello.

“Non existe no mundo real algo máis fermoso que a ilusión que posúe un home que perdeu a razón.”

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¿En qué estamos pensando?

Cualquiera que haya estado en una reunión social sabe que se puede discutir, debatir, dialogar hasta la extenuación sobre temas que pueden ir de lo más frívolo a lo más trascendente. Son intercambios, por lo general, bastante provechosos para los participantes (por las ideas descubiertas o, simplemente, porque adquiere nuevos, y a menudo sorprendentes, datos sobre el/los interlocutor/es) pero todos son conscientes de que el tema acaba ahí.

Resulta curioso que la sociedad (que no es más que un conjunto de personas aunque sea mayor) no sea capaz de aplicar esta cualidad a temas más trascendentes.

Lo que fue lucha de clases en sociedades no tan pretéritas lo hemos convertido, una vez alcanzado un satisfactorio nivel de vida para un número suficiente de personas, en una lucha sin sentido donde está claro que equivocamos el destino de nuestros esfuerzos. Se ha producido una escisión de intereses en las sociedades occidentales, por un lado se encuentran las clases políticas con sus medios de comunicación más o menos adscritos y por otro una sociedad acomodada que centra sus batallas en el confort y el bienestar.

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“Do que estou a falar cando falo de correr” Haruki Murakami, Ed. Galaxia, 2009.

“… loitar pola miña superioridade con outra xente, tanto na vida cotiá, como no ámbito do traballo, non é a forma de vida que desexo. Pode que os meus razoamentos sexan obvios, mais o mundo constitúese porque hai xente de todo tipo. Existen valores para cada persoa e formas de vida para estes valores e teño una forma de vida acorde. Este tipo de diferenzas crea pequeñas discrepancis diarias e o conxunto desas pequeñas discrepancias é o que pode evoluír nun gran malentendido. Como resultado, ás veces recíbense reproches sen razón. Evidentemente, non é nada divertido que te malentendan ou recibir reproches. Ás veces iso pode ferir moito una persoa. É una experiencia moi dura.”

“Pain is inevitable. Suffering is optional. (…) Estás a correr e pensas: “Ah, qué duro! Non podo máis!” O de que é duro é unha realidade inevitábel, mais “non podo máis” é, en realidade, algo que depende absolutamente do criterio de cada un.”

Es algo casi mágico como en medio de una librería (o en una feria del libro), entre una cantidad inabarcable de títulos, uno emerge. Has visto varios títulos atractivos, llevabas, de hecho, algunas ideas de casa. La elección se ha reducido a tres o cuatro, pero solo te puedes llevar uno o dos. Hay dudas, autor nuevo o ese tan especial. Novela recomendada o ensayo sobre tema de interés. Cuentos cortos o un inclasificable. Lo has recorrido casi todo y alcanzas, entre la bruma de la incertidumbre, una decisión. Y de repente… lo ves. Parece que es él quien te encuentra, que ha avanzado, a modo de fan determinado buscando la primera fila del concierto, hasta presentarse. Lo ves y no te resistes, ese y no otro es el que has ido a buscar.

Me gusta pensar que funciona así.

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“Dicen que murió de risa” relato de Pedro Larrañaga

Dicen que murió de risa. Una risa cruzada en la cara como una mueca de satisfacción. Satisfacción por el final de la noche. Una noche que decoraba su corazón desde hacía demasiado tiempo. El tiempo perezoso, espeso, lánguido, que no terminaba de agotarse.

Pero agotado sí estaba el crédito de las esperanzas.

Esperanza de que, al final, todo fuese una broma. Una broma pesada. Una broma sin gracia. Perdida ya toda la gracia, hacía tiempo.

Por eso murió de risa mientras la sangre le salía a borbotones de la garganta.

Hacía mucho que no reía con ganas y a carcajadas. Carcajadas sonoras, escandalosas, como las de un bufón de alquiler.

Alquilado había vivido desde el día en que su mejor amigo se lo llevó todo. Todo, hasta la mujer y la hija. Una hija de la que recordaba su mirada inquieta en medio de los ojos azules. Azules como el coche, como los hierros, como el fuego en el que terminaron envueltos, amigo, mujer e hija. Envueltos y entre gritos. Entre gritos azul oscuro.

Azul oscuro como el mar desde su ventana. Una ventana que lo invitaba a saltar a gritos.

Gritos que callaba en el club de carretera. Una carretera sin salida que no llevaba a ningún lugar. Sólo había un lugar en el que encontrara silencio. Silencio bajo las sábanas, en la cama, junto a ella.

Ella, Lucía, que llegara al pueblo para olvidar una promesa.

Así, acostados, mudos, con un dedo perdido, caminando por la piel. Piel llena de vida lejana y cicatrices, pero dulce. La dulzura de saber que no había preguntas, ni respuestas, sólo el dinero, los billetes. Billetes que él dejaba sobre la mesilla y ella guardaba en el cajón sin contar. Sin contar ya, también, los cientos de noches juntos. Juntos en su convencimiento, en cumplir su palabra, aunque a nadie le importase.

A nadie le importaba que él hubiese jurado no volver a acostarse con una mujer sin pagarle. A nadie le importaba que ella hubiese jurado no volver a besar a un hombre sin cobrarle. Porque, aunque a nadie le importaba, ambos cumplían su palabra.

Pero las palabras son artilugios peligrosos. De un peligro afilado que rasga gargantas al salir, furiosas, de una cara violenta. Una cara violenta con una boca violenta, con unos dientes violentos, con una lengua violenta. Violentas todas las palabras.

Y él, que murió de risa, con la sangre cayéndole a borbotones de la garganta, no soportó aquellas palabras violentas. La cogió por la muñeca, a ella, a Lucía, y la sacó de allí, con aquel tipo violento amenazándolo desde la puerta. Desde la puerta, agitando el puño en el aire, pero sin seguirlos por la carretera oscura y sin salida, que no llevaba a ningún lugar.

Ningún lugar es adecuado para gente como nosotros. Nosotros tenemos nuestros fantasmas y nos siguen como sombras.

Sombras en los ojos de ella al hablar, al decirle aquellas frases. Hablar y no decirle que, una vez más, tendría que marcharse. Marchar a otra ciudad, huir, a otro pueblo, a otro club, a otra habitación en la que seguir sin faltar a su palabra. Habitación en la que ya no estaría él, ni sus billetes sin contar en el cajón de la mesilla. Habitación en la que no querría, nunca más, faltar a su palabra.

Una palabra que a él había dejado de importarle, mirando desde la calle su ventana que no dejaba de gritar.

Entre golpes, entre gritos, le preguntaban dónde estaba. Él no sabía dónde estaba. Ella, Lucía. Tú, Lucía, ¿dónde estás?

No había querido saberlo para no seguirla. Para no ir tras ella e incumplir su palabra que ya había dejado de importarle. Incumplir promesas como su mujer. Como su amigo. Y puede que como su hija.

Una promesa violenta en aquella cara violenta. Una cara violenta que ya no era cobarde, apoyada en dos sicarios venidos de lejos. Una promesa violenta que aquella lengua violenta sí cumpliría.

Dime dónde está o te juro que te mato.

Morir, ¡qué gracioso!, ¡qué risa!

Y así volvió a reír, al final, antes de morir.

“Up” de Pete Docter y Bob Peterson, Pixar, 2009

up-pixar-posterLlegará un día en que las películas de animación de Pixar pierdan esa etiqueta de “de animación” y empezarán a ser tratadas y valoradas simplemente como películas. La reciente selección de Up como inauguradora del festival de Cannes ya nos lleva a pensar que esa barrera ha sido derribada en algunos círculos, la película tuvo una acogida estupenda y no pareció en ningún momento fuera de lugar en medio de las obras de algunos de los cineastas más importantes del mundo.

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