“Al sur de la frontera al oeste del sol” de Haruki Murakami

… apenas sentía deseos de compartir con nadie mis experiencias sobre libros o música. Yo era yo, no otro. Pensarlo me hacía sentir tranquilo y satisfecho.

-Es posible.- dije- Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres. La gente, pese a tener un chasco nueve de cada diez veces, desea tener al menos una experiencia suprema, aunque sólo sea una vez. Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte, supongo.

“No me gusta buscar pretextos, dijo. Una vez empiezas, ya no puedes parar. Y yo no quiero vivir así.” Pero esa manera de pensar, en aquella época, no le resultó.

-Hajime- dijo- cuando te miro mientras conduces, me dan ganas de alargar la mano y dar un volantazo. Si lo hiciera, moriríamos, ¿verdad?

-Seguro. Vamos a ciento treinta kilómetros por hora.

-¿No quieres morir aquí conmigo?

-No creo que fuera una muerte muy agradable- dije sonriendo-. Además, aún no hemos escuchado el disco. Y a eso vamos, ¿no?

-No te preocupes. No lo haré- dijo-. Sólo que a mí se me ocurren estas cosas. A veces.

La vida sentimental de Julián Pi

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