¿En qué estamos pensando?

Cualquiera que haya estado en una reunión social sabe que se puede discutir, debatir, dialogar hasta la extenuación sobre temas que pueden ir de lo más frívolo a lo más trascendente. Son intercambios, por lo general, bastante provechosos para los participantes (por las ideas descubiertas o, simplemente, porque adquiere nuevos, y a menudo sorprendentes, datos sobre el/los interlocutor/es) pero todos son conscientes de que el tema acaba ahí.

Resulta curioso que la sociedad (que no es más que un conjunto de personas aunque sea mayor) no sea capaz de aplicar esta cualidad a temas más trascendentes.

Lo que fue lucha de clases en sociedades no tan pretéritas lo hemos convertido, una vez alcanzado un satisfactorio nivel de vida para un número suficiente de personas, en una lucha sin sentido donde está claro que equivocamos el destino de nuestros esfuerzos. Se ha producido una escisión de intereses en las sociedades occidentales, por un lado se encuentran las clases políticas con sus medios de comunicación más o menos adscritos y por otro una sociedad acomodada que centra sus batallas en el confort y el bienestar.

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