“El nuevo mundo” de Jean-Luc Godard en ROGOPAG

Normalmente acostumbro a enrollarme mucho para decir las cosas. En este caso no es mi intención, solo quería añadir un par de temas que me vinieron a la cabeza después de ver el cortometraje (o mediometraje según quien lo diga) de Godard.

Bueno, para quien no conozca la película Rogopag, decir que es una producción italiana de 1962 que reunió a Roberto Rossellini, Jean-Luc Godard, Pier Paolo Pasolini y Ugo Gregoretti. Cada uno de ellos debía producir una película. El nexo entre ellas era la sociedad en un momento determinado (comienzo de la década de los 60) que viene siendo definida como el principio de la modernidad. Decir que hay unanimidad al respecto de que las piezas verdaderamente valiosas son las de Godard y Pasolini (a este la broma le salió por unos meses de cárcel puesto que la iglesia católica se sintió ofendida y lo metió en un lío). La obra de Rossellini carece de la calidad de otros trabajos del auto y la de Gregoretti es una obra claramente menor al lado de las de los monstruos que lo acompañaban.

Después de la necesaria (y mínima) contextualización pasamos al verdadero motivo de todo esto. La pieza de Godard en concreto: “El nuevo mundo”.

La trama presenta una supuesta explosión atómica ocurrida kilómetros por encima de Paris. En un principio no se aprecian efectos sobre la ciudad ni la población pero el protagonista irá descubriendo que no es así. La temática plantea toda una serie de cuestionamientos sobre la sociedad de principios de la década de los 60, pero atacando desde la perspectiva de la sutileza. La amenazar nuclear, tan en alza en esos momentos, ejerce de catalizador para lo que es un film de ciencia-ficción. Ciencia-ficción entendida como un acontecimiento imaginado futuro o presente inspirado en datos reales. Una reinterpretación de lo que podría pasar, no solo a nivel físico en una situación de conflicto nuclear, sino a donde nos dirigimos con nuestra actitud ante este posible conflicto. Es una opción claramente alejada de los efectismos propios del género pero que trabaja con la sugerencia y consigue despertar algo en nuestro interior.

No es mi intención entrar a valorar la relación de la obra de Godard con la modernidad ni nada por el estilo (eso habría que dejárselo a quien sepa del tema y no un mero espectador como yo). Pero sí que puede sorprender a cualquiera el confrontar esta pequeña obra del autor francés con propuestas actuales rompedoras y modernas …

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