Arquitectura milagrosa de Llàtzer Moix y la profesión arquitectónica

¿Cómo, con qué fines, por qué camino y a qué precio se llega a construir una obra de estas características y proporciones?

“el principal riesgo en arquitectura es optar por lo neutral, por los edificios que no se ven. Hay muchos edificios insípidos que ilustran lo que digo… No soy formalista, pero me gustan las formas.” Jean Nouvel

A Mercader le complació la idea. Supo de inmediato que hallaría fácil acomodo en el imaginario popular. Y le animó a desarrollarla, haciendo hincapié en su relación con Montserrat o Gaudí, y marginando otros referentes como eran la Tour Sans Fin del propio Nouvel o los géiseres. “Le sugerí a Jean que incluyera una alusión a Montserrat en cada una de las imágenes virtuales de la nueva torre que debíamos presentar, unas semanas después, al cliente, para así facilitar la aprobación del proyecto. Creí oportuno subrayar esta relación, para que Agbar reparara en el nexo existente entre aquella propuesta rompedora y la tradición local.”  Santiago Mercader es consejero delegado de Laietana

“Las cosas son así”, prosigue el colaborador de Nogués. “ El hombre de la calle quizás no sepa mucho de arquitectura, o de ropa, pero sí sabe de marcas. Cuando los nombres le suenan, confía. Y quien dice el hombre de la calle dice los alcaldes del área metropolitana de Barcelona: a todos les gustan las marcas. Lo cual en ocasiones puede tener un precio.” Antoni Nogués es gerente de la ADU (agencia de desarrollo urbano de L’Hospitalet)


Mientras estaba leyendo este libro se me ocurrió (no es que sea una ocurrencia muy ingeniosa pero me hizo hasta gracia) que, en realidad, esto de los arquitectos estrella y los arquitectos en general no difiere mucho de los futbolistas. Todo el mundo envidia a las estrellas, que ganan un pastón, que entrenan un rato al día y que viven en medio de fama y galmour de los que poco sabemos fuera del mundo rosa que, para que negarlo, no es muy fiable.

La gente los admira, incluso algunos buscan modelos de comportamiento y se sorprende al comprobar que son simples seres humanos no muy idealizables. Se les critica del mismo modo que se les entroniza, y ellos, lógicamente, se aprovechan.

Con los llamados arquitectos estrella pasa un poco lo mismo. Se les recrimina su divismo, un ego que no les cabe dentro y lo orgullosos que están de haberse conocido. El poco, más que poco particular, respeto por el resto de sus semejantes. A su lado, la clase política, que acostumbra a ejercer de mecenas de las iniciativas que se mencionan en este interesantísimo libro. Una clase que, la verdad, a día de hoy ya no puede caer más bajo en las encuestas de popularidad pero que sigue siendo asumida como mal necesario. ¿Quién, en su sano juicio, anuncia hoy su intención de dedicarse a la política? ¿Alguno de los que le escuchen no va a suponer directamente que quiere forrarse? ¿Sigue habiendo quien crea que el servicio a la comunidad o hacer mejor el lugar donde vives pueda ser el motivo? No hace falta responder a esto.

Llàtcer Moix se encarga, a través de la explicación de proyectos de sobra conocidos, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, la Expo de Zaragoza o casos menores como L’Hospitalet, de demostrar que arquitectos con ganas de trascender, políticos con aspiraciones de perdurar y fondos públicos acostumbran a ser un cóctel explosivo. Hay casos también con fondos privados e, incluso, algún ejemplo rescatable. Al final, la sensación es que los peores defectos de la sociedad se reflejan en sus ambiciones y sus ganas de potenciar la imagen por encima de todo. La solución, siempre será la educación y el sentido común.

Pero, ¿qué hay por detrás de estos arquitectos estrella? ¿Cuál es la realidad de la profesión? No solo referido a nuevos profesionales que se ven empujados a becas con bajo sueldo y sin cotizaciones a la seguridad social, sino a profesionales liberales que son “contratados” como autónomos a tiempo completo. Una práctica, por desgracia, muy extendida en este país. Es una situación que cuesta hacer entender al resto de la población, que acostumbra a considerar al arquitecto al modo tradicional, profesional liberal que te cobra por todo y que vive muy bien.

Como todo, las causas son diversas pero un par de conocidos ofrecían dos reflexiones que apuntan a una posible explicación. Por un lado, la pérdida de posición de los arquitectos. Esto podría parecer un contrasentido pero no lo es tanto. Épocas de excesiva bonanza orientaron a los arquitectos hacia lo “glamouroso” de la profesión, dejando de lado la construcción de las ciudades y su arquitectura doméstica más allá de proyectos llamativos. Esto en épocas de bonanza, pero cuando el cinturón se aprieta cual es la solución de los profesionales, se abandona toda política arquitectónica en beneficio de la facturación, con la consecuente depreciación de su labor. Para contrarrestarlo, la solución más simple. Empleados contratados en condiciones sonrojantes o eternos becarios.

Dejo un último apunte, un profesional recién titulado en España consigue su primer trabajo de dos maneras fundamentales, hay algunos afortunados pero son los menos, o bien se hace autónomo encubierto o bien es becario. En ambos casos no tiene un contrato de trabajo, no cotiza ni accede a las prestaciones y ni siquiera su sueldo le compensa estas pérdidas. Se suele decir, adelantando el respeto, que cualquier trabajador de un supermercado gana más y en mejores condiciones que un arquitecto. La profesión por detrás de las estrellas.

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3 Responses to Arquitectura milagrosa de Llàtzer Moix y la profesión arquitectónica

  1. Vanessa says:

    Interesante articulo. Estoy de acuerdo contigo pero en este tema siempre me gusta anhadir algo, y es que nadie parece ver la parte de culpa que tenemos nosotros mismos. Nos quejamos de las estrellitas y de como estan las cosas, pero luego resulta que hay miles de personas a la cola deseando trabajar para cualquiera de esas estrellitas a cualquier precio, ya sea con intencion de engordar su cv o de saciar su sed de “arquitectura de la buena”. Todos conocemos algun estudio de los que esclavizan a la gente y alguno en el que ni siquiera les pagan, pero reciben miles de cvs al anho, y yo me pregunto, somos gilipollas? Hay gente que no tiene mas remedio que tragar con trabajos denigrantes, pero lo cierto es que la mitad de los q aceptan esas condiciones no estan precisamente faltos de pan, sino todo lo contrario, y al final ya no es una cuestion de supervivencia sino de las ansias q todo el mundo tiene por llegar algun dia a salir en el Croquis.
    Nos quejamos de las estrellitas, pero al final todo el mundo sale de la carrera sonhando con llegar a ser una de ellas. Especialmente en nuestra querida ETSAC, donde la comedura de coco llega a limites casi ridiculos. Asi nos va.

  2. lectorbajito says:

    solo puedo decir amén a lo que expones. yo estoy muy decepcionado conmigo y la “clase trabajadora” en general, nos hemos acostumbrado a la resignación y a buscar el pelotazo que cansa menos y da más rendimiento. igual por esto paso mucho de la arquitectura, no se, lo voy a pensar.

  3. Vanessa says:

    Creo q todos estamos decepcionados en general, pero no solo ocurre en nuestra profesion, la mayoria de jovenes licenciados estan frustrados en sus trabajos, y explotados. La unica diferencia es que nuestras expectativas son mucho mas altas que las de ellos porque el esfuerzo tambien es mayor. Asi luego la hostia es brutal.

    (probablemente me deje caer por la Coruneno en las proximas semanas.. ya te avisare!)

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