El Apocalipsis según…

Siempre existirán las razones que inciten a los humanos a pensar en una gran catástrofe que ponga en peligro la continuidad de la especie. No suelen estar relacionados con procesos degenerativos, de esos hablaremos más adelante, ahora no es el tema.

Son motivos muy diversos: desastres naturales, terrestres o extraterrestres, o causas puramente humanas, crisis, guerras nucleares o de las otras, cambios climáticos y demás provocaciones al planeta. Son estas categorías muy generales pero tampoco es intención profundizar por ahí.

Implican estas visiones una percepción pesimista del presente y el futuro y trabajan sobre dos puntos importantes. La confianza o desconfianza en el género humano (grande en cuanto a su potencial, ínfima en cuanto a sus motivaciones) y una cierta esperanza en que el destino nos espera con algo mejor. Como si aún no mereciésemos el triste final que plantean.

A pesar de que la idea de tocar este tema surgió durante el visionado de una película como “El libro de Eli”, donde las actuaciones de Denzel Washington y Gary Oldman son de lo poco destacable y la apología del catolicismo bordea lo surrealista. Por resumir, es la aventura de una especie de profeta con alma de superhéroe karateka que lleva un libro hacia el oeste y un malo malísimo se lo intenta quitar. Sirvió únicamente de punto de partida, para avanzar con las conclusiones nos centraremos en otras obras bastante más interesantes.

Las referencias

“La carretera” de Cormac McCarthy y “Ensayo sobre la ceguera” del recientemente fallecido José Saramago no se parecen en casi nada. Pero sí comparten unas ideas que me gustaría destacar. Tratan las reacciones de las personas ante situaciones extremas, la pérdida de la humanidad cuando la supervivencia está en juego, lo frágil del equilibrio en el que nos movemos y el desamparo al que nos veríamos abocados cuando perdiésemos todas esas cosas que damos por sentado.

“La carretera”

El autor nos suelta en medio de la nada, sin explicarnos nada. La devastación es total. El proceso de desintegración ha pasado y solo disponemos de las consecuencias para rehacer la historia en nuestra mente. Los supervivientes vagan sin saber muy bien hacia donde y hace tiempo que la dignidad y el orgullo no son factores a tener en cuenta.

“Ensayo sobre la ceguera”

Una epidemia y el miedo, en poco tiempo ese sistema (dirigido por nosotros, que no debería esquivar el bulto) que gobierna se cae como un castillo de naipes con un mínimo soplido. A partir de aquí, las renuncias a lo más “básico” se van sucediendo hasta alcanzar puntos lejos de la supuesta humanidad.

Puntos en común

¿Qué queda de nosotros? Una vez metidos en estos casos extremos, qué no haríamos para permanecer, la comida, los valores (me refiero a los de cada uno, de los otros no estoy muy seguro de que existan más allá de la pose), la humanidad. Ésas cosas que rápidamente negamos hacer bajo ninguna circunstancia. Probablemente no habría que ir tan lejos como en estas ficciones para sorprendernos a nosotros mismos.

Representan los diferentes estados de la desintegración. Las prioridades van evolucionando, hay una cualidad (que en el día a día se ve como un defecto) muy humana que es la adaptación a las circunstancias. Es algo que empieza por lo más pequeño y, sin que lo lleguemos a notar muchas veces, acaba formando parte de nuestra rutina.

El equilibrio frágil. Existe un comportamiento muy común en la humanidad que consiste en confiar en lo que nos deparará el mañana, un optimismo inherente. Resulta bastante peligroso como manera de entender la vida y está enfrentado directamente con eludir las responsabilidades de nuestros actos. Una actitud que, cuando la cosa comienza a torcerse, garantiza la catástrofe.

Es siempre un equilibrio que está directamente relacionado con el objetivo que persiga una persona o conjunto de personas (son situaciones aplicadas a toda la humanidad en ambos ejemplos pero reducida la escala son también válidos para grupos más reducidos donde la supervivencia no está en juego). Nos hemos acostumbrado tanto a relacionarnos a través del interés que ya no lo percibimos como algo ajeno. Pero es indudable que el camino de unos se cruza con el de otros, que las decisiones que se toman afectan no solo al que las toma, que siempre hay consecuencias que inciden sobre el destino de otros.

Incluso en las adaptaciones cinematográficas de ambas novelas (que se dejan ver bastante mejor que la película con la que arrancábamos) comparten un punto común. La uniformidad de colores y luces. Si en “La carretera” de John Hillcoat todo se maneja bañado por el gris de la ceniza, en “A ciegas” de Fernando Meirelles todo es blanco, la luz lo quema todo. Ésta uniformidad no puede ser casual, la muerte de la humanidad supondrá la eliminación de la variedad, no solo cromática es obvio.

La esperanza, ya sea en la redención humana o en que la providencia que nos gobierna quiere probarnos pero aún no eliminarnos. Resulta curioso que ninguno de los dos autores se decida a dejarnos sin un asidero, a soltarnos al vacío y comprobar si de verdad sobreviviríamos.

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3 Responses to El Apocalipsis según…

  1. Vanessa says:

    Me apunto estas dos y te dejo las dos últimas pelis q he visto pq me parecieron geniales: “La Ola” y “Todo está iluminado”. Si puedes míralas, te gustarán
    saludos

    PD: gracias por la mención! 🙂

  2. lectorbajito says:

    ya tengo “La ola” preparadita para verla y tiene una pinta excelente

  3. vanessa says:

    espero tu crítica : )

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