“La carretera” de Cormac McCarthy

Un padre y un hijo viajando por una carretera en un mundo del que nada se sabe más que su desoladora situación. Devastación, ceniza y esa carretera a la que se agarran con su carrito de supermercado buscando la benevolencia climatológica del sur, un sur del que ni siquiera saben si seguirá allí cuando lleguen.

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“Sin listas de cosas que hacer. El día providencia de sí mismo. La hora. No hay después. El después es esto. Todas las cosas bellas y armónicas que uno conserva en su corazón tienen una procedencia común en el dolor. El hecho de nacer en la aflicción y la ceniza. Bueno, susurró para el chico que dormía. Yo te tengo a ti.”

El mundo ha quedado reducido para estos dos seres humanos a una búsqueda del alimento y del fuego. En su exiguo carrito mantas, una lona, un hornillo y los víveres que se van encontrando por los restos de una civilización que ha terminado. El padre refleja la supervivencia del que lo ha perdido todo menos la vida y el hijo, que desconoce esa realidad previa, basa sus reacciones y juicios en el instinto y la intuición más que en convenciones sociales desparecidas y que su padre intenta mantener como un último reducto de coherencia.

Curiosamente el hijo resulta más humano (o humanitario) con un concepto de la justicia y una diferenciación entre bien y mal pura, no condicionada. Su interpretación tiene como única base las indicaciones del padre, esforzado en mantener al pequeño no más en contacto con la realidad de lo necesario. El niño recoge esos datos y los confronta con la realidad que se le presenta, acaba convirtiéndose en el más racional y analítico de todos los supervivientes.

“Si no cumples una promesa pequeña tampoco cumplirás una grande. Es lo que tú me dijiste.”


La crudeza de la situación se presenta sin extensas descripciones ni explicaciones, el penoso día a día es suficiente para que la impresión quede marcada en el lector. Un movimiento constante en medio de una búsqueda no muy prometedora, el refugio diario improvisado, el fuego imprescindible y el estar alerta siempre. Cualquier peligro puede romper el precario equilibrio sobre el que se asientan sus vidas.

“Creo que ahí dentro puede haber cosas y es preciso echar una ojeada. No tenemos otro sitio adonde ir. Eso es todo. Quiero que me ayudes. Si no quieres sostener la lámpara tendrás que coger la pistola.
Prefiero la lámpara.
De acuerdo. Esto es lo que hacen los buenos. Seguir intentándolo. Jamás se rinden.
Vale.”

Una catástrofe ha asolado el mundo, las interpretaciones son la única solución porque nada es explicado. Algún fogonazo de pasado, la madre que ya no está y que tampoco se sabe muy bien por qué, está muerta, ha abandonado a su familia, solo queda el recuerdo de cómo se enfrentaron a un desastre inevitable. El hombre sigue adelante solo para mantener a su hijo en el mundo, es la única circunstancia que se interpone entre él y una bala liberadora.

McCarthy podría haber optado por dar toda clase de datos para explicarnos como ha hecho la humanidad para destruir todo a su alrededor, causas y procesos de ese destino que les deparan sus propios actos o la catástrofe natural que se llevó por delante a la especie dominante como antes había hecho con otras. Sin embargo, se opta por mostrar directamente las consecuencias de la devastación y como es la “vida” de los que han sobrevivido. Las suposiciones quedan para cada uno.

A través de la interacción con otros humanos, los pocos que quedan, se sirve el autor para desarrollar temas que acompañan a la pareja en su viaje, el bien y el mal entendidos como aquellos que mantienen una cierta humanidad incluso en las peores circunstancias frente a los que se han sucumbido definitivamente a sus instintos en beneficio de su vida. Nociones de justicia ejemplificadas en la compasión natural que experimenta el chico frente al ojo por ojo que aplica el padre.

“Se levantaron y guardaron las tazas y el resto de las galletas. El hombre apiló las mantas en lo alto del carrito y aseguró la lona y luego miró al chico. ¿Qué? Dijo el chico.
Sé que pensabas que nos íbamos a morir.
Ya.
Pero no ha sido así.
No.
Vale.”

Los lacónicos diálogos entre padre e hijo son de una belleza y una fuerza arrolladora. Una búsqueda desesperada de un motivo para seguir queriendo vivir, uno por el otro, son los únicos asideros que tienen y ese deseo de estar ahí para el otro es el sentimiento más importante de los presentados en el libro.

Su destino es de todos modos inevitable, son dos contra un mundo que malamente les ofrece un respiro (casas sin devastar con víveres a modo de oasis en el desierto) y sus posibilidades son remotas. Pensar lo contrario es aferrarse a una esperanza que no existe. El padre enfermo y tirando de reservas para seguir adelante, un niño en fase de crecimiento totalmente desvalido sin su progenitor. Las condiciones de supervivencia son insostenibles.

Ese destino del viaje no es el paraíso que esperaban porque en realidad su viaje no acabará hasta que cedan a la muerte, y aquí McCarthy hace una concesión a la ilusión, la fe en lo que nos depara la vida, la esperanza, la confianza el fin y al cabo en que por muy mal que estén las cosas la humanidad se impondrá. Deja un regusto final que no está a la altura de lo ofrecido hasta el momento.

De la adaptación cinematográfica, de próxima aparición y que será comentada en su momento, parece que se ha intentado “explicar más” la situación, potenciar los momentos de acción y resaltar el papel de la madre.

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2 Responses to “La carretera” de Cormac McCarthy

  1. El Chone says:

    Eso te iba a preguntar yo, si ya habías visto la peli. Cuando la veas dime qué te cundió más, si el libro o la misma. Y otra pregunta: Leíste Soy Leyenda? Por saber si merece la pena leerla habiendo visto la peli. Y una última question: eres más de porras o de churros?

  2. mike patton says:

    Que pena da ver blogs de este tipo que destripan sin compasión grandes obras de la literatura o el cine contando de carrerilla y de forma tosca detalles fundamentales de sus tramas que evitan el disfrute del futuro lector o espectador solo para disfrute de los vagos que quieren que se lo den todo mascado para evitar estimular la materia gris del cerebro y asi anular el efecto sorpresa o descubrimiento secuencial de las obras y seguro que el que arriba escribe se cree el proyecto de un buen critico sin saber que se puede hacer recomendaciones o criticas de una manera mas sutil e inteligente. si de verdad quereis hacer vuestra labor de manera verdadera os aconsejo que os vayais a las colas de los cines o las librerias a contar los secretos de las obras de las que os regodeais de haber asimilado como nadie y os creeis en derecho de destriparlas a los cuatro vientos. hacerlo a la cara de los espectadores o lectores y asi obtendreis una rapida respuesta a vuestra “erudición” en forma de sopapo,por favor!!, cuanto palurdo engreido!!.

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