“El método”

Un resultado decepcionante, o simplemente insulso, no significa necesariamente que no se puedan sacar conclusiones provechosas o trascendentes al respecto de cualquier película u obra en general. El método, película de Marcelo Piñeyro, podría responder a este grupo. Es una adaptación de una obra teatral catalana de cierto éxito titulada El método Gronholm de Jordi Galcerán y está sostenida por la sólida actuación de figuras reconocidas del cine español como Eduard Fernández, Carmelo Gómez, Adriana Ozores, Najwa Nimri o Eduardo Noriega.

El planteamiento se basa en un proceso de selección de personal en el mundo empresarial llamado “el método Gronholm” donde los aspirantes son sometidos a diferentes pruebas con el único fin de que los más débiles vayan cayendo eliminados por los propios aspirantes.

En realidad el mundo empresarial es, básicamente, antropomórfico. Un tema ya tratado con anterioridad aquí a través del libro de Corinne Maier Buenos días, pereza pero en este caso desde el punto de vista exclusivo de los aspirantes a infiltrarse en la dirección de esas empresas.

Nosotros mismos funcionamos como una empresa, siempre a la búsqueda de un mayor beneficio. Las diferencias se presentan en los caminos y los medios de los que nos servimos para alcanzar nuestros objetivos. No son objetivos necesariamente materiales sino que puede aplicarse también a diversos temas personales o sociales. No es más que el modo en que nos enfrentamos a la vida.

Cabe matizar que son situaciones donde la supervivencia está garantizada. Es decir, los casos extremos donde la propia persona o los que están a su cargo ven comprometidos los mínimos sociales admitidos las reacciones suelen eliminar de la fórmula ciertos impedimentos morales o particulares que pueden hacer variar los resultados. Estos serían considerados excepciones en el ambiente donde se plantea la cuestión propuesta en el film (y la obra de teatro de la que procede obviamente).

En las situaciones referidas a la vida diaria, en el ámbito personal o profesional, las opiniones o los actos están más directamente condicionados por la propia actitud o el carácter y sirven para analizar y desentrañar la verdadera naturaleza de cada individuo, su escala de valores (no tanto morales o éticos sino más bien personales o afectivos).

Para poder comprender mejor este hecho, y este es el punto fuerte de la película, se puede intentar interpretar el comportamiento de los propios aspirantes. Responden todos ellos a modelos preestablecidos, casi podría decirse prototípicos pero aquí nos centraremos solamente en los tres (que por su papel se presentan más completos) que llegan a la fase final del proceso de selección, Fernando (Eduard Fernández), Nieves (Najwa Nimri) y Carlos (Eduardo Noriega).

Fernando está modelado para resultar despreciable, para ser considerado el malo de la película. Sus modos, directo y agresivo, no están reñidos con una brutal honestidad del que dice lo que piensa y además está convencido de la validez de esos pensamientos. Aún así, es el más consciente del mundo en el que vive. No se detiene en batallas que no son las suyas y busca (y está acostumbrado a conseguir) lo que quiere.

Nieves quiere luchar desde la normalidad para mantener la humanidad. Basa sus decisiones en la racionalidad, no participa en exceso pero su papel es siempre determinante. La relación pretérita con el personaje de Eduardo Noriega va en su contra porque quiere introducir una cierta debilidad por la nostalgia de un pasado (o un futuro alternativo) menos “ambicioso” empresarialmente.

Carlos represente el manierismo del triunfador, quiere vencer a cualquier precio y en todos los ámbitos pero sin mancharse las manos. A costa de quien sea y como sea. De ahí que luche encarnizadamente (ejemplificado en su batalla de supervivencia con Adriana Ozores) pero busque el modo de salir bien parado y sin daños para continuar en la próxima batalla.

El proceso de selección

Refleja las propias relaciones entre ellos proyectadas sobre el proceso de selección. Palabras e historias son contadas, pasados ocultados, balones fuera para salvar el cuello, aprovechamiento de las debilidades para derrotar al rival que consideramos menor.

Ante esto, diferentes posiciones, lucha sin cuartel siempre que el derrotado sea otro, mantenimiento de las formas de cara a la galería, pasividad entendida como quietud basada en la creencia (seguramente falsa) de que los méritos y las virtudes se imponen por sí solos o mecanismos de defensa para tapar los propios defectos o complejos.

Con un planteamiento tan poderoso la película se pierde en diálogos excesivos que alcanzan la sensación contraria y acaban resultando moralizantes sobre una figura idealizada de los personajes que nada tiene que ver con la realidad que se presenta. Una realidad a la que se quiere anclar a través de esa manifestación antiglobalización que nunca vemos desde la habitación donde se desarrolla la acción pero que escuchamos puntualmente y que ofrece un contraste demasiado gráfico entre el capitalismo exacerbado y la realidad social.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: