“Yo maté a Adolf Hitler” Jason, 2007.

“Siempre pensé que la ficción más fantasiosa se entiende mejor cuando viene acompañada del realismo. El imprimir el máximo realismo posible a aquellos elementos de la historia, sea ambientación o de motivación de personajes o de cualquier aspecto de la trama que quieras contar, ayuda a que cuando la fantasía entre en escena esté inmersa en un entorno previamente creíble y, por lo tanto, aceptable para el espectador”
James Cameron hablando sobre Terminator 2 en declaraciones aparecidas en la revista Scifiword, p.50.

yomateaadolfhitler
Si de algo puede calificarse a esta historia de Jason es la naturalidad. Y eso que el planteamiento es, ciertamente, bastante inverosímil.

Ambientada en un presente donde el asesino a sueldo es una profesión tan natural y normal como carnicero o electricista, el protagonista pasa su vida matando por encargo pero desde la apatía de un trabajo rutinario. Se ocupa de sus tareas como un fontanero cualquiera y no quiere escuchar las motivaciones (vestigio de la culpa por encima del egoísmo) de sus clientes. Tiene  problemas con su pareja, es una persona como otra cualquiera con un trabajo como otro cualquiera.

Siguiendo la cita con la que arranca este post, la realidad propuesta es consistente, coherente y veraz por más increíble que pueda parecer. Y se le presenta una oferta irrechazable. Una fortuna por matar a Adolf Hitler, el cliente-científico ha construido una máquina del tiempo y quiere que el asesino a sueldo viaje al tercer Reich a matar al dictador.

A partir de ahí todo fluye, sin estridencias, viajes en el tiempo, asesinatos y un futuro que debiera ser diferente. Es aquí donde se plantea una de las cuestiones más interesantes, el futuro sería distinto sin la IIª Guerra Mundial o la naturaleza humana es como es y echarle la culpa a ciertos actos o acontecimientos no es más que echar balones fuera.

Personajes antropomórficos típicos del autor y un trazo claro y limpio, casi minimalista. Donde expresiones, gestos y acciones son el vehículo para trasladar la acción. Un ejercicio que parece muy directo pero que exige una fuerte capacidad de síntesis. Una gran historia que surge dese la normalidad y la tranquilidad, sin sobresaltos.

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