“Un cuento de navidad” de Arnaud Desplechin. Francia, 2008.

“Las familias simplemente suceden. Y todas ellas son disfuncionales.”

Como titular para describir a una película es bastante gráfico, y sirve como punto de partida para hablar de esta película de Arnaud Desplechin, la primera que se estrena en España. El autor parte, como el mismo explica en un entrevista que le realizaron, de un género tan típico, y a priori poco prometedor, como es el de las reuniones familiares en torno a las fiestas (navideñas o de acción de gracias en el caso de las americanas), lo que en otros casos derivaría en un melodrama para después de comer o una comedia sin más pretensiones es aquí el retrato de una familia, la Vuillard, pero que podría ser otras muchas.

La historia transcurre en cuatro días, del 22 al 26 de diciembre, de cualquier año, y ahí, a través de flashbacks o monólogos de los propios personajes hacia la cámara se van desvelando esos entresijos internos, esos mecanismos que hacen funcionar, esos rencores que no se pueden olvidar y que hacen explotar las situaciones o que simplemente explican las motivaciones incomprensibles de cada uno.

Los dramas en este caso se desarrollan de un modo superlativo, desde el comienzo donde se explica el gran drama generador de toda la situación. Una pareja tiene un hijo, después una hija, el primogénito resulta portador de un cáncer que va a acabar con su vida si no recibe un trasplante de médula para el que ninguno de sus familiares es compatible, entonces tienen otro hijo buscando en él a ese ángel salvador que no puede ser (lo que lo convierte a ojos de su madre y su hermana en una especie de asesino). El primogénito muere, nace un nuevo hermano y todo parece seguir adelante hasta que la enfermedad vuelve a aparecer, esta vez en la madre, lo que los reúne a todos en unas nuevas fiestas.

Este retrato familiar donde salen a relucir todas las miserias familiares de cada uno de los personajes otorga un ritmo a la película bastante elevado pese a lo que pudiese esperarse en un principio, todos tienen su cuota de protagonismo gravitando en torno a una situación insostenible donde el hijo desterrado por la hermana y el hijo de esta (en una actuación la suya bastante desasosegante) son los únicos posibles donadores de la madre, un giro que desemboca en una de las situaciones más típicas de la navidad, la “representación teatral” de dos niños pequeños, hijos de la hermana desterradora, (definidos en la película claramente como guionistas) donde ofrecen una solución tan drástica como imposible al problema que asola a la familia mientras al mismo tiempo su madre y el hermano discuten como adultos sin encontrar puntos de no conflicto.

Mención especial merecen los cara a cara entre la madre (Catherine Deneuve) y el hijo (Mathieu Almalric), donde los diálogos se desarrollan entre sonrisas nostálgicas pero pronuncian las más dolorosas verdades, a modo de superación de los tabúes sociales.

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